’ Señor, Tú tienes palabras de vida eterna ’


«Nuestro plan de vida es la Ley del Señor»

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’ Señor, Tú tienes palabras de vida eterna ’

Religión

Julio 25, 2019 19:00 hrs.
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La Palabra de Dios

Viernes 26 De Julio 2019
Memoria de Santos Joaquín y Ana, padres de la Bienaventurada Virgen María

Primera lectura
Ex 20, 1-17
En aquellos días, el Señor promulgó estos preceptos para su pueblo en el monte Sinaí, diciendo: "Yo soy el Señor, tu Dios, que te sacó de la tierra de Egipto y de la esclavitud. No tendrás otros dioses fuera de mí; no te fabricarás ídolos ni imagen alguna de lo que hay arriba, en el cielo, o abajo, en la tierra, o en el agua, y debajo de la tierra. No adorarás nada de eso ni le rendirás culto, porque yo, el Señor, tu Dios, soy un Dios celoso, que castiga la maldad de los padres en los hijos hasta la tercera y cuarta generación de aquellos que me odian; pero soy misericordioso hasta la milésima generación de aquellos que me aman y cumplen mis mandamientos.

No harás mal uso del nombre del Señor, tu Dios, porque no dejará el Señor sin castigo a quien haga mal uso de su nombre.

Acuérdate de santificar el sábado. Seis días trabajarás y en ellos harás todos tus quehaceres; pero el día séptimo es día de descanso, dedicado al Señor, tu Dios. No harás en él trabajo alguno, ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu esclavo, ni tu esclava, ni tus animales, ni el forastero que viva contigo. Porque en seis días hizo el Señor el cielo, la tierra, el mar y cuanto hay en ellos, pero el séptimo, descansó. Por eso bendijo el Señor el sábado y lo santificó.

Honra a tu padre y a tu madre para que vivas largos años en la tierra que el Señor, tu Dios, te va a dar. No matarás. No cometerás adulterio. No robarás. No darás falso testimonio contra tu prójimo. No codiciarás la casa de tu prójimo, ni a su mujer, ni a su esclavo, ni a su esclava, ni su buey, ni su burro ni cosa alguna que le pertenezca’’.
Palabra de Dios
Te alabamos, Señor

Salmo Responsorial
Salmo 18, 8. 9. 10. 11
R. (Jn 6, 68c) Ayúdanos, Señor, a cumplir tu voluntad.
La ley del Señor es perfecta del todo
y reconforta el alma;
inmutables son las palabras del Señor
y hacen sabio al sencillo.
R. Ayúdanos, Señor, a cumplir tu voluntad.
En los mandamientos de Dios hay rectitud
y alegría para el corazón;
son la luz los preceptos del Señor
para alumbrar el camino.
R. Ayúdanos, Señor, a cumplir tu voluntad.
La voluntad de Dios es santa
y para siempre estable;
los mandamientos del Señor son verdaderos
y enteramente justos.
R. Ayúdanos, Señor, a cumplir tu voluntad.
Más deseables que el oro y las piedras preciosas,
Las normas del Señor,
y más dulces que la miel
de un panal que gotea.
R. Ayúdanos, Señor, a cumplir tu voluntad.

Aclamación antes del Evangelio
Cfr Lc 8, 15
R. Aleluya, aleluya.
Dichosos los que cumplen la palabra del Señor
con un corazón bueno y sincero,
y perseveran hasta dar fruto.
R. Aleluya.

Evangelio
Mt 13, 18-23
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Escuchen ustedes lo que significa la parábola del sembrador. A todo hombre que oye la palabra del Reino y no la entiende, le llega el diablo y le arrebata lo sembrado en su corazón. Esto es lo que significan los granos que cayeron a lo largo del camino.

Lo sembrado sobre terreno pedregoso significa al que oye la palabra y la acepta inmediatamente con alegría; pero, como es inconstante, no la deja echar raíces, y apenas le viene una tribulación o una persecución por causa de la palabra, sucumbe.

Lo sembrado entre los espinos representa a aquel que oye la palabra, pero las preocupaciones de la vida y la seducción de las riquezas, la sofocan y queda sin fruto.

En cambio, lo sembrado en tierra buena, representa a quienes oyen la palabra, la entienden y dan fruto; unos, el ciento por uno; otros, el sesenta; y otros, el treinta’’.
Palabra del Señor
Gloria a ti, Señor Jesús


Reflexión del Evangelio de hoy
«Nuestro plan de vida es la Ley del Señor»
Imaginemos al pueblo de Israel caminando por el desierto. Un pueblo que ha creído en las palabras de Moisés pero que, por fuerza, debía estar desorientado viendo como su caminar se alargaba en el tiempo, sin ver el final de su peregrinaje por un territorio hostil. Los ánimos debían flaquear y Dios les dará unas pautas de vida que les ayudarán a continuar hacia adelante. Pautas que hoy son tan válidas como entonces ¿Acaso nosotros no tenemos muchas veces la sensación de caminar por el desierto? ¿Nuestro mundo actual no parece un campo yermo para el alma?

Los Diez Mandamientos son toda una declaración de cómo debemos ser y como deben ser nuestras relaciones con Dios. No son metáforas, son realidades tangibles que nos ayudan en nuestro día a día y nos marcan el camino de nuestra vida. Igual que los israelitas harán su camino por el desierto antes de llegar a la Tierra Prometida, nosotros haremos el nuestro antes de llegar a la Casa del Padre. Y nuestra ’guía de viajes’ son los Diez Mandamientos, ellos son nuestra hoja de ruta. Es bueno meditarlos de vez en cuando, sin prisas, en presencia del Señor… Es bueno, muy bueno, hacer examen de conciencia (de eso se trata en definitiva) para no perder el norte y seguir la senda que nos indica la brújula que Dios ha puesto en nuestras manos.

«Nuestra alma, tierra fecunda»
Si hermosa es la parábola del sembrador más bella aún es la explicación que Cristo nos ofrece de la misma. Nos va desgranando los distintos estados del alma a la hora de recibir la semilla de la Palabra y las consecuencias de los mismos. Pueden parecer cosas obvias y sabidas pero conviene que las repasemos, que las meditemos, para encontrarnos con nosotros mismos.

Debemos ver donde nos encontramos ¿Al borde del camino, en los límites entre el bien y el mal? ¿O por el contrario nuestra alma está llena de piedras (preocupaciones mundanas, afán de destacar, frivolidades que no conducen a nada) que hacen que olvidemos pronto lo escuchado? ¿Vivimos entre las zarzas del dinero, del afán de éxito, de los placeres fáciles? ¿O somos terreno fértil y abonado que dará fruto? Estoy seguro que todos quisiéramos ser este último tipo de terreno pero… ¿Cómo abonar el campo? Muy sencillo: poniéndonos en manos de Dios, entregándole el barro del que estamos hechos para que Él lo moldee.

En algunas ocasiones he insistido en la necesidad de leer las Escrituras de forma asidua, como parte de nuestra rutina diaria, y buscar su significado, llegar a entenderla. Quince minutos al día para nosotros mismos, para abonar nuestra tierra y estar preparados para acoger la Palabra de Dios y dispuestos a dar el fruto que su semilla siembra en el alma. Os animo a ello, este tiempo de verano, en el que las ocupaciones son menores, es un buen momento para comenzar la tarea de preparar y abonar la tierra. Veréis como pronto comenzáis a ver los resultados.
D. Luis Maldonado Fernández de Tejada, OP
Fraternidad Laical de Santo Domingo, de Almagro


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