’ Os he hablado de la verdad que le escuché a Dios ’


Cantar y bendecir: una opción de vida

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’ Os he hablado de la verdad que le escuché a Dios ’

Religión

Marzo 31, 2020 21:19 hrs.
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La Palabra de Dios


Miércoles 01 de abril 2020


Primera lectura
Dn 3, 14-20. 49-50. 91-92. 95En aquellos días dijo el rey Nabucodonosor: ’¿Es cierto, Sedrak, Mesak y Abednegó, que no quieren servir a mis dioses, ni adorar la estatua de oro que he mandado levantar? Pues bien, si no es cierto, estén dispuestos para que, al oír sonar el cuerno, la flauta, la cítara, el salterio, la chirimía y toda clase de instrumentos, se postren y adoren la estatua que he mandado hacer. Pero si no la adoran, serán arrojados inmediatamente a un horno encendido. ¿Y qué dios podrá librarlos entonces de mis manos?’
Pero Sedrak, Mesak y Abednegó contestaron al rey Nabucodonosor: ’No es necesario responder a tu pregunta, pues el Dios a quien servimos puede librarnos del horno encendido y nos librará de tus manos; y aunque no lo hiciera, sábete que de ningún modo serviremos a tus dioses, ni adoraremos la estatua de oro, que has mandado levantar’.
Entonces Nabucodonosor se enfureció y la expresión de su rostro cambió para Sedrak, Mesak y Abednegó. Mandó encender el horno y aumentar la fuerza del fuego siete veces más de lo acostumbrado. Después ordenó que algunos de los hombres más fuertes de su ejército ataran a Sedrak, Mesak y Abednegó y los arrojaran al horno encendido.
Pero el ángel del Señor bajó del cielo, se puso junto a ellos, apartó las llamas y produjo en el horno un frescor como de brisa y de rocío, y el fuego no los atormentó, ni los hirió, ni siquiera los tocó. El rey Nabucodonosor, estupefacto, se levantó precipitadamente y dijo a sus consejeros: ’¿Acaso no estaban atados los tres hombres que arrojamos al horno?’ Ellos contestaron: ’Sí, señor’. El rey replicó: ’¿Por qué, entonces, estoy viendo cuatro hombres sueltos, que se pasean entre las llamas, sin quemarse? Y el cuarto, parece un ángel’.
Nabucodonosor los hizo salir del horno y exclamó: ’Bendito sea el Dios de Sedrak, Mesak y Abednegó, que ha enviado a su ángel para librar a sus siervos, que confiando en él, desobedecieron la orden del rey y expusieron su vida, antes que servir y adorar a un dios extraño’.
Palabra de Dios
Te alabamos, Señor
Salmo Responsorial
Daniel 3, 52. 53. 54. 55. 56
R. (52b) Bendito seas, Señor, para siempre.
Bendito seas, Señor, Dios de nuestros padres.
Bendito sea tu nombre santo y glorioso.
Bendito seas en el templo santo y glorioso.
Bendito seas en el trono de tu reina.
Bendito eres tú, Señor,
que penetras con tu mirada los abismos
y sientas en un trono rodeado querubines.
Bendito seas, Señor, en la bóveda del cielo.

Aclamación antes del Evangelio
Cfr Lc 8, 15
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Dichosos los que cumplen la palabra del Señor
con un corazón bueno y sincero,
y perseveran hasta dar fruto.
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.


Evangelio
Jn 8, 31-42
En aquel tiempo, Jesús dijo a los que habían creído en él: ’Si se mantienen fieles a mi palabra, serán verdaderamente discípulos míos, conocerán la verdad y la verdad los hará libres’. Ellos replicaron: ’Somos hijos de Abraham y nunca hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: ‘Serán libres’?’
Jesús les contestó: ’Yo les aseguro que todo el que peca es un esclavo del pecado y el esclavo no se queda en la casa para siempre; el hijo sí se queda para siempre. Si el Hijo les da la libertad, serán realmente libres. Ya sé que son hijos de Abraham; sin embargo, tratan de matarme, porque no aceptan mis palabras. Yo hablo de lo que he visto en casa de mi Padre: ustedes hacen lo que han oído en casa de su padre’.
Ellos le respondieron: ’Nuestro padre es Abraham’. Jesús les dijo: ’Si fueran hijos de Abraham, harían las obras de Abraham. Pero tratan de matarme a mí, porque les he dicho la verdad que oí de Dios. Eso no lo hizo Abraham. Ustedes hacen las obras de su padre’. Le respondieron: ’Nosotros no somos hijos de prostitución. No tenemos más padre que a Dios’.
Jesús les dijo entonces: ’Si Dios fuera su Padre me amarían a mí, porque yo salí de Dios y vengo de Dios; no he venido por mi cuenta, sino enviado por él’.
Palabra del Señor
Gloria a ti, Señor Jesús

Reflexión del Evangelio de hoy

Cantar y bendecir: una opción de vida
Misac, Sidrac y Abdénago eran tres hermanos que fueron obligados por el rey Nabucodonosor a que hicieran adoración a un becerro de oro. Los tres hermanos no acataron la orden real, y por negarse fueron echados al fuego para que perecieran.

Ellos ante su tormento optaron por cantar himnos y bendecir a Dios. Nabucodonosor los observa, y le parece que hay un ser misterioso con ellos de apariencia divina.

No sólo no sirvió de nada el castigo, sino que el mismo rey cae en la cuenta de la entereza de aquellos jóvenes ante la orden real, y bendice entonces al Dios de Israel: ’Bendito sea el Dios de Sidrac, Misac y Abdénago, que envió un ángel a salvar a sus siervos, que, confiando en él, desobedecieron el decreto real y entregaron sus cuerpos antes que venerar y adorar a otros dioses fuera del suyo’.

En ocasiones hay que decir no a los gobernantes, no todo lo que ellos erigen como decreto forma parte de la vida de Dios. No todo lo que ellos proponen con apariencia de obligatoriedad puede llamar a la justicia. EL Rey Nabucodonosor no sólo obligó a adorar un becerro de oro, un ídolo, sino que, ante la insumisión de los tres hermanos, atentó contra los hermanos queriendo quitarles la vida, arrojándolos al fuego.

Muchas veces hay que poner límites a los que nos gobiernan por atentar contra Dios, atentar contra los hombres y atentar contra la vida. Existen gobiernos que legislan en contra del desarrollo de su país, cuyos conciudadanos se encuentran pasando hambre y miseria. Nuestros gestos, nuestra palabra han de ser nítidos ante estas situaciones, donde la Iglesia debe alzar su voz profética. No cabe la indiferencia o la desidia ante estas situaciones, porque estaremos siendo cómplices con nuestro silencio.

Es una opción de vida la que los tres hermanos tomaron: Cantar y Bendecir frente al tormento. La situación nos puede resultar aterradora; sin embargo, ante el sufrimiento siempre queda una opción: la de cantar y bendecir a Dios. Es decir, dejarlo todo en sus manos, y esperar a que él actúe y nos dé una respuesta. Seguro que nos dará fuerzas para el camino.

Os he hablado de la verdad que le escuché a Dios
Jesús une la verdad de Dios con la auténtica libertad. ’La verdad os hará libres’. No obstante, dejamos de ser libres si recaemos otra vez en el temor de la esclavitud. Si ejercemos el mal, si lo preferimos a él, con nuestras actitudes de rechazo a Dios.

El amor a Jesús es amor libre y configurado en el bien, porque viene de Dios. Jesús nos ofrece un camino de libertad, de liberación a través de la verdad de Dios, pero el rechazo nos hace nuevamente esclavos.

Muchas veces le preguntamos a Dios por nuestras desgracias, sin caer en la cuenta de que nuestro ’rechazo a Dios’ fue anterior a nuestra ’queja por Dios’ frente a la desgracia. Como dice el refrán: sólo nos acordamos de Dios cuando truena.

El rechazo a Dios nos vuelve esclavos del mal, de la ignorancia, y del egoísmo. No todo queda en un ’YO’. Existe también un TÚ, pero ese TÚ lo reflejamos en proyecciones culpabilizadoras entre las que envolvemos a Dios, y a nuestros hermanos.

Cuando lo que ejerzo sobre mi hermano es violencia, ya muestro mi ausencia de libertad, porque la ira se ha empoderado de mi interior. La crítica feroz, obstinada, y constante contra mi hermano me introduce en una espiral de violencia, porque he dejado que se empodere de mi la visión negativa de la fraternidad: El otro no puede ser mi hermano.

Jesús es rechazado por que habla de la verdad que le ha escuchado a Dios, y se siente libre para indicar a los judíos que tratan de matarlo que Dios es su Padre, y le ama. Y frente a la libre hermosura de la ternura resulta el insulto: ’nosotros no somos hijos de la prostitución’.

Pidamos para que desaparezca la violencia de nuestras calles, para que los jóvenes no rechacen a Jesucristo y lo comprendan como el eje más importante de su libertad.


Fr. Alexis González de León O.P.
Convento de San Pablo y San Gregorio (Valladolid)


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