’ El que quiera ser grande entre vosotros que sea vuestro servidor ’

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Julio 24, 2019 21:26 hrs.

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La Palabra de Dios

Miércoles 25 De Julio 2019


Fiesta de Santiago, Apóstol
Primera lectura
2 Cor 4, 7-15
Hermanos: Llevamos un tesoro en vasijas de barro, para que se vea que esta fuerza tan extraordinaria proviene de Dios y no de nosotros mismos. Por eso sufrimos toda clase de pruebas, pero no nos angustiamos. Nos abruman las preocupaciones, pero no nos desesperamos. Nos vemos perseguidos, pero no desamparados; derribados, pero no vencidos.

Llevamos siempre y por todas partes la muerte de Jesús en nuestro cuerpo, para que en este mismo cuerpo se manifieste también la vida de Jesús. Nuestra vida es un continuo estar expuestos a la muerte por causa de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal. De modo que la muerte actúa en nosotros, y en ustedes, la vida.

Y como poseemos el mismo espíritu de fe que se expresa en aquel texto de la Escritura: Creo, por eso hablo, también nosotros creemos y por eso hablamos, sabiendo que aquel que resucitó a Jesús nos resucitará también a nosotros con Jesús y nos colocará a su lado con ustedes. Y todo esto es para bien de ustedes, de manera que, al extenderse la gracia a más y más personas, se multiplique la acción de gracias para gloria de Dios.
Palabra de Dios
Te alabamos, Señor
Salmo Responsorial
Salmo 125, 1-2ab. 2cd-3. 4-5. 6
R. (5) Entre gritos de júbilo cosecharán
aquellos que siembran con dolor.
Cuando el Señor nos hizo volver del cautiverio,
creíamos soñar;
entonces no cesaba de reír nuestra boca,
ni se cansaba entonces la lengua de cantar.
R. Entre gritos de júbilo cosecharán
aquellos que siembran con dolor.
Au los mismos paganos con asombro decían:
"¡Grandes cosas ha hecho por ellos el Señor!"
Y estábamos alegres,
pues ha hecho grandes cosas por su pueblo el Señor.
R. Entre gritos de júbilo cosecharán
aquellos que siembran con dolor.
Como cambian los ríos la suerte del desierto,
cambia también ahora nuestra suerte, Señor,
y entre gritos de júbilo
cosecharán aquellos que siembran con dolor.
R. Entre gritos de júbilo cosecharán
aquellos que siembran con dolor.
Al ir, iban llorando, cargando la semilla;
al regresar, cantando vendrán con sus gavillas..
R. Entre gritos de júbilo cosecharán
aquellos que siembran con dolor.

Aclamación antes del Evangelio
Cfr Jn 15, 16
R. Aleluya, aleluya.
Yo los he elegido del mundo, dice el Señor,
para que vayan y den fruto y su fruto permanezca.
R. Aleluya.

Evangelio
Mt 20, 20-28
En aquel tiempo, se acercó a Jesús la madre de los hijos de Zebedeo, junto con ellos, y se postró para hacerle una petición. Él le preguntó: "¿Qué deseas?" Ella respondió: "Concédeme que estos dos hijos míos se sienten, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda, en tu Reino". Pero Jesús replicó: "No saben ustedes lo que piden. ¿Podrán beber el cáliz que yo he de beber?" Ellos contestaron: "Sí podemos". Y él les dijo: "Beberán mi cáliz; pero eso de sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo; es para quien mi Padre lo tiene reservado".

Al oír aquello, los otros diez discípulos se indignaron contra los dos hermanos. Pero Jesús los llamó y les dijo: "Ya saben que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. Que no sea así entre ustedes. El que quiera ser grande entre ustedes, que sea el que los sirva, y el que quiera ser primero, que sea su esclavo; así como el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar la vida por la redención de todos".
Palabra del Señor
Gloria a ti, Señor Jesús

Reflexión del Evangelio de hoy
Los contrastes de las lecturas de hoy
En los evangelios hallamos a menudo situaciones muy contrastadas. A simple vista parecen casi contradictorias. Es lo que sucede cuando, leyendo las lecturas de hoy, nos encontramos con que los apóstoles poseían un gran tesoro, pero lo llevaban en vasijas de barro.

El Evangelio que Jesús trajo al mundo, el anuncio de que Dios es un Padre que nos ama a todos y, como consecuencia, todos somos hermanos, lo proclamaron los apóstoles y, después de ellos, todos los que compartimos la ilusión por el Reino de Dios. Pero lo llevamos en vasijas frágiles que se rompen con facilidad. Una muestra: Santiago y Juan, acompañados de su madre, provocan malestar entre los Doce al querer reservarse los primeros lugares en el Reino de Dios. Tienen una gran misión, pero siguen sujetos a la debilidad humana. Y a pesar de todo, Jesús confía en ellos.

También hoy se anuncia el Evangelio, el gran tesoro para todos, pero lo llevamos en vasijas frágiles, quebradizas. No debemos desanimarnos al comprobar que en la Iglesia no todo va bien. Dios se ha fiado de nosotros y nos ha confiado una gran responsabilidad.

Grandeza de la misión y pobreza de los medios humanos. Basta con leer la historia de la Iglesia para comprobar cómo las palabras de san Pablo se repiten a lo largo del tiempo. Ante lo que no nos gusta de la Iglesia de hoy, no es solución alejarse sino trabajar y luchar desde dentro y animarnos a beber el cáliz de Jesús, como hizo Santiago. Él es otra prueba de la fuerza frágil del Evangelio: El discípulo que quería encumbrarse y buscaba asegurarse un lugar privilegiado (en el evangelio de hoy) será el primero en entregar su vida por el maestro (como vemos en la primera lectura).

La Iglesia no tiene que ser un lugar de poder
Santiago y Juan querían asegurarse una situación de privilegio en el Reino de Cristo; seguramente lo imaginaban muy parecido a los reinos temporales. En estos se busca el poder por encima de todo pensando que eso es lo que hace progresar a la sociedad. En tiempos de Jesús el poder se concretaba en el despotismo de los emperadores romanos que dominaban el mundo entonces conocido. Pero Jesús nos dice: «No será así entre vosotros».

Es una enseñanza clara y diáfana, sin lugar a interpretaciones. Tan clara como la réplica de Pedro y los apóstoles al sumo sacerdote cuando les reclama que les había prohibido formalmente enseñar en nombre de Jesús: «Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres».

Sin embargo, los cristianos dentro y fuera de la Iglesia seguimos atesorando puestos y buscando el poder sobre los demás. El matiz de mandar sirviendo es muy difícil. El mensaje de Cristo está lleno de estas paradojas que nos sirven para pensar sobre nuestra relación con los hermanos. Lo que importa es estar dispuesto a beber el cáliz con Él, servir como Él, amar como nos amó y entregarnos a la misión de transformar este mundo y anunciar su mensaje de Amor.

No hay lugar para los intereses particulares, los primeros puestos, los sitios de honor. Ser cristiano es mucho más que un título. Somos fuertes porque Él ha puesto su mirada de amor en cada uno de nosotros. Somos vasijas de barro, pero con un gran regalo, con un gran tesoro en nuestro interior. La vasija puede dañarse, pero tenemos que recordar que somos portadores de algo grande: ser testigos de aquel que ha dado la vida por nosotros.


Fray José Antonio Fernández de Quevedo
Convento de San Pablo y San Gregorio (Valladolid)

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