’ El enviado no es más que quien lo envía ’


Juan los dejó y se volvió a Jerusalén

| Agencia de noticias Plata Pura | Desde guerrerohabla.com
’ El enviado no es más que quien lo envía ’

Religión

Mayo 06, 2020 22:34 hrs.
Religión Internacional › México
Agencia de noticias Plata Pura › guerrerohabla.com

La Palabra de Dios

Jueves 7 de mayo 2020


Primera lectura
Hch 13, 13-25
En aquellos días, Pablo y sus compañeros se hicieron a la mar en Pafos; llegaron a Perge de Panfilia, y allí Juan Marcos los dejó y volvió a Jerusalén. Desde Perge siguieron hasta Antioquía de Pisidia, y el sábado entraron en la sinagoga y tomaron asiento. Acabada la lectura de la ley y los profetas, los jefes de la sinagoga les mandaron decir: ’Hermanos, si tienen alguna exhortación que hacer al pueblo, hablen’.

Entonces se levantó Pablo, y haciendo señal de silencio con la mano, les dijo:

’Israelitas y cuantos temen a Dios, escuchen: El Dios del pueblo de Israel eligió a nuestros padres, engrandeció al pueblo cuando éste vivía como forastero en Egipto y lo sacó de allí con todo su poder, lo alimentó en el desierto durante cuarenta años, aniquiló siete tribus del país de Canaán y dio el territorio de ellas en posesión a Israel por cuatrocientos cincuenta años. Posteriormente les dio jueces, hasta el tiempo del profeta Samuel.

Pidieron luego un rey, y Dios les dio a Saúl, hijo de Quis, de la tribu de Benjamín, que reinó cuarenta años. Después destituyó a Saúl y les dio por rey a David, de quien hizo esta alabanza: He hallado a David, hijo de Jesé, hombre según mi corazón, quien realizará todos mis designios.

Del linaje de David, conforme a la promesa, Dios hizo nacer para Israel un salvador, Jesús. Juan preparó su venida, predicando a todo el pueblo de Israel un bautismo de penitencia, y hacia el final de su vida, Juan decía: ‘Yo no soy el que ustedes piensan. Después de mí viene uno a quien no merezco desatarle las sandalias’ ’.
Palabra de Dios
Te alabamos, Señor


Salmo Responsorial
Salmo 88, 2-3. 21-22. 25 y 27
R. (cf 2a) Proclamaré sin cesar la misericordia del Señor. Aleluya.
Proclamaré sin cesar la misericordia del Señor
y daré a conocer que su fidelidad es eterna,
pues el Señor ha dicho: ’Mi amor es para siempre
y mi lealtad, más firme que los cielos.
R. Proclamaré sin cesar la misericordia del Señor. Aleluya.
He encontrado a David, mi servidor,
y con mi aceite santo lo he ungido.
Lo sostendrá mi mano
y le dará mi brazo fortaleza.
R. Proclamaré sin cesar la misericordia del Señor. Aleluya.
Contará con mi amor y mi lealtad
y su poder aumentará en mi nombre.
El me podrá decir: Tú eres mi padre,
el Dios que mi protege y que me salva’’.
R. Proclamaré sin cesar la misericordia del Señor. Aleluya.


Aclamación antes del Evangelio
Cfr Apoc 1, 5
R. Aleluya, aleluya.
Señor Jesús, testigo fiel, primogénito de entre los muertos,
tu amor por nosotros es tan grande,
que has lavado nuestras culpas con tu sangre.
R. Aleluya.


Evangelio
Jn 13, 16-20
En aquel tiempo, después de lavarles los pies a sus discípulos, Jesús les dijo:

’Yo les aseguro: el sirviente no es más importante que su amo, ni el enviado es mayor que quien lo envía. Si entienden esto y lo ponen en práctica, serán dichosos.

No lo digo por todos ustedes, porque yo sé a quiénes he escogido. Pero esto es para que se cumpla el pasaje de la Escritura, que dice: El que comparte mi pan me ha traicionado. Les digo esto ahora, antes de que suceda, para que, cuando suceda, crean que Yo soy.

Yo les aseguro: el que recibe al que yo envío, me recibe a mí; y el que me recibe a mí, recibe al que me ha enviado’.
Palabra del Señor
Gloria a ti, Señor Jesús

Reflexión del Evangelio de hoy

Juan los dejó y se volvió a Jerusalén
En este tiempo de Pascua estamos leyendo el libro de los Hechos de los apóstoles en el que se nos narra la vida y misión de aquellos primeros hermanos nuestros. En concreto a partir del capítulo 13 comienzan los viajes misioneros de Pablo. El texto nos sitúa en el primer viaje, en el que tras salir de Antioquia de Siria, llegan a la isla de Chipre, de ahí saltan a Asia Menor, y después de pasar por Perge, llegan a Antioquia de Pisidia. Los evangelizadores son tres: Bernabé, Saulo y Juan Marcos, sin embargo, este último ya al inicio del viaje, en Perge, abandona la misión. El libro de los Hechos no nos dice las razones, pero no es difícil intuir que las dificultades y peligros de la tarea evangelizadora, sólo son superados por los misioneros más audaces y apasionados.

La estrategia misionera que realizan Pablo y Bernabé es siempre la misma. Primero acuden a la sinagoga donde predican a los judíos. Suponen que el pueblo de Israel que conoce la historia de la salvación podrá entender más fácilmente que las promesas mesiánicas se han cumplido en Jesús de Nazaret, aunque no siempre es así. Comienzan la predicación con la liberación de la esclavitud y la salida de Egipto, la entrada en la tierra prometida, pasando por los reinados de Saul y David, al que el Señor le promete que de su descendencia nacería el Mesías liberador. Pablo y Bernabé anuncian que ese Mesías es Jesús de Nazaret. El texto parece que queda cortado y continuará mañana. Pero por lo pronto ya nos interroga: ¿Desertamos de la misión que nos encomienda el Señor por las dificultades que entraña, por apatía, por falta de pasión? ¿Tenemos estrategias adecuadas para el siglo XXI en nuestra misión evangelizadora?

El enviado no es más que quien lo envía
Estas palabras de Jesús se pronuncian en el discurso de despedida, en la llamada última cena. El texto comienza con un dicho del Maestro en relación con el enviado; lo compara al criado que no es más que su amo, así el enviado, no es más que el que lo envía. Por ello si el Señor va a entregar su vida por amor, aquellos que Él va a enviar, también habrán de dar su vida por amor. No obstante, Él conoce la debilidad de sus discípulos, porque sabe bien a quienes ha elegido, incluso es capaz de anticipar con palabras de la Escritura lo que va a hacer Judas. Y todo ello lo comunica para que cuando suceda, crean en Él.

El texto termina con otro dicho del enviado, ahora en clave de cascada. El que recibe al enviado por Jesús, recibe al mismo Jesús; y el que recibe a Jesús, recibe al Padre que lo envió; quien acoge a los primeros, les provee sus necesidades, y recibe su mensaje, es como si lo hiciera con el mismo Jesús, y a su vez con el Padre. Los discípulos que vamos a la misión no vamos en nombre propio, vamos en nombre de Jesús y en nombre del Padre. Nuestro mensaje, gestos y acciones los realizamos porque hemos sido enviados por Otro. No somos protagonistas ni fuente de aquello que llevamos, somos mensajeros, transmisores, portadores de la buena Noticia de Jesús. Si esto lo hiciéramos así, nuestros fracasos en la misión también los viviríamos desde otra perspectiva. Ahora puedo preguntarme: ¿Cuándo voy a la misión soy consciente que no soy el protagonista, sino que voy enviado por Otro? ¿Caigo en la cuenta de que no llevo mi mensaje sino el mensaje de Jesús? ¿Tengo esto presente también en mis fracasos en la misión?
Hna. Mariela Martínez Higueras O.P.
Congregación de Santo Domingo


Ver nota completa...

Escríbe al autor

Escribe un comentario directo al autor

Suscríbete

Recibe en tu correo la información más relevante una vez al mes y las noticias más impactantes al momento.

Recibe solo las noticias más impactantes en el momento preciso.