’ Aquí hay uno mayor que Jonás ’


La conversión despierta la compasión de Dios

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’ Aquí hay uno mayor que Jonás ’

Religión

Marzo 03, 2020 21:22 hrs.
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Miércoles 4 de marzo 2020

La Palabra de Dios

Primera lectura
Jn 3, 1-10
En aquellos días, el Señor volvió a hablar a Jonás y le dijo: ’Levántate y vete a Nínive, la gran capital, para anunciar ahí el mensaje que te voy a indicar’.

Se levantó Jonás y se fue a Nínive, como le había mandado el Señor. Nínive era una ciudad enorme: hacían falta tres días para recorrerla. Jonás caminó por la ciudad durante un día, pregonando: ’Dentro de cuarenta días Nínive será destruida’.

Los ninivitas creyeron en Dios, ordenaron un ayuno y se vistieron de sayal, grandes y pequeños. Llegó la noticia al rey de Nínive, que se levantó del trono, se quitó el manto, se vistió de sayal, se sentó sobre ceniza y en nombre suyo y de sus ministros, mandó proclamar en Nínive el siguiente decreto: ’Que hombres y animales, vacas y ovejas, no prueben bocado, que no pasten ni beban; que todos se vistan de sayal e invoquen con fervor a Dios y que cada uno se arrepienta de su mala vida y deje de cometer injusticias. Quizá Dios se arrepienta y nos perdone, aplaque el incendio de su ira y así no moriremos’.

Cuando Dios vio sus obras y cómo se convertían de su mala vida, cambió de parecer y no les mandó el castigo que había determinado imponerles.
Palabra de Dios
Te alabamos, Señor

Salmo Responsorial
Salmo 50, 3-4. 12-13. 18-19
R. (19b) A un corazón contrito, Señor, no lo desprecias.
Por tu inmensa compasión y misericordia,
Señor, apiádate de mí y olvida mis ofensas.
Lávame bien de todos mis delitos,
y purifícame de mis pecados.
R. A un corazón contrito, Señor, no lo desprecias.
Crea en mí, Señor, un corazón puro,
un espíritu nuevo para cumplir tus mandamientos.
No me arrojes, Señor, lejos de ti,
ni retires de mí ti santo espíritu.
R. A un corazón contrito, Señor, no lo desprecias.
Tú, Señor, no te complaces en los sacrificios
y si te ofreciera un holocausto, no te agradaría.
Un corazón contrito te presento,
y a un corazón contrito, tú nunca lo desprecias.
R. A un corazón contrito, Señor, no lo desprecias.


Aclamación antes del Evangelio
Joel 2, 12-13
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Todavía es tiempo, dice el Señor.
Arrepiéntanse de todo corazón y vuélvanse a mí,
que soy compasivo y misericordioso.
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.


Evangelio
Lc 11, 29-32
En aquel tiempo, la multitud se apiñaba alrededor de Jesús y comenzó a decirles: ’La gente de este tiempo es una gente perversa. Pide una señal, pero no se le dará más señal que la de Jonás. Pues así como Jonás fue una señal para los habitantes de Nínive, lo mismo será el Hijo del hombre para la gente de este tiempo.

Cuando sean juzgados los hombres de este tiempo, la reina del sur se levantará el día del juicio para condenarlos, porque ella vino desde los últimos rincones de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay uno que es más que Salomón.

Cuando sea juzgada la gente de este tiempo, los hombres de Nínive se levantarán el día del juicio para condenarla, porque ellos se convirtieron con la predicación de Jonás, y aquí hay uno que es más que Jonás’.
Palabra del Señor
Gloria a ti, Señor Jesús

Reflexión del Evangelio de hoy

La conversión despierta la compasión de Dios
Jonás, que huía del Señor, tras ser liberado del pez, recibe un encargo: la de recorrer Nínive anunciando su destrucción. Llama a la conversión, al abandono de la violencia. Pone un plazo de 40 días.

Un pueblo que se deja llevar por la fuera y por la ira, Nínive, símbolo de la opresión y la violencia es llamado a la conversión, por ese motivo, Dios quiere desaparecer a ese pueblo.

¿Pero es posible apaciguar el ánimo violento en 40 días? El texto habla de un pueblo que cambia por temor a la destrucción, por temor a Dios. ¿Pero esa puede ser la causa?

La violencia habla de una perversión del comportamiento de una persona frente a la vida del otro que lo hace objeto de ira. No es que nazcamos así, pero la educación y la permisividad ante ella hace que las actitudes violentas se normalicen. La permisividad de la violencia es el abandono de los criterios para realizar el bien en la vida. No podemos acostumbrarnos a vivir con la violencia.

La violencia requiere un límite, y Dios se lo está poniendo a la ciudad de Nínive, con la amenaza de su destrucción. Pero de alguna manera, quien vive de la violencia, ya se ha destruido a sí mismo.

Cuarenta días son los que dedicamos a la Cuaresma, para repensar nuestros pasos cara a Dios: qué ídolos hemos construido, y por qué hemos dejado de depositar nuestro amor a Dios. Para repensar cuáles son nuestros comportamientos violentos y porqué los hemos permitido en nuestro entorno.

Si profundizamos en ello, se puede dar un cambio radical en nuestra vida, si lo que queremos expresar es que la vida ante todo se vive con el respeto mutuo. Dios nos dará las claves del respeto del otro, para que no sea objeto de nuestra ira. Hemos de depositar nuestra confianza en Dios para comprender que nuestra vida se ha de construir con valores de respeto y compromiso por la vida del hermano.

No es el temor a desaparecer, ni el temor a una violencia mayor lo que ha de llamarnos al cambio de vida. Lo que ha de llamarnos a una conversión auténtica es una capacidad sincera de construirnos interiormente, que requiere la escucha de nuestra propia verdad, la escucha de la verdad del otro, y la escucha de la verdad de Dios.

Un corazón quebrantado y humillado, el Señor no lo desprecia, rezamos con el Salmo 50. De ahí, que la posibilidad de la conversión sea posible con el abandono del mal y la acogida del bien. Dios despierta su compasión con nosotros para mostrarnos que la construcción interior está en marcha, y va por buen camino. Pero se precisa un camino largo de reeducación para que no sea la violencia la vía que utilice para expresar mi libertad.

Aquí hay uno mayor que Jonás
Jesús habla ante la gente que pide una señal de Dios para convertirse y creer, pero Jesús les dice que no habrá más señal que la de Jonás, el camino de un radical cambio de vida es lo que abre el camino a Dios.

Se requiere un cambio de pensamiento y actitudes para emprender el camino de la conversión. La conversión no es un camino de comodidad, al contrario, incomoda, pero realiza la plenitud que buscamos en Dios.

Jesús no quiere contentar a sus oyentes, los pone en un brete para que asuman una vida comprometida con Dios. Dios no es un juego. Al contrario, implica la vida entera.

Si ante la violencia de Nínive, la señal de Jonás fue suficiente para despertar la compasión de Dios, las señales que da Jesús con su palabra y sus signos son más que evidentes, y Jesús está por encima del profeta Jonás, es el Hijo de Dios. No pidamos más signos que los ya dados.

Existe la violencia personal que se ejerce con la fuerza hacia el otro, existe la violencia sistémica que ejerce un grupo o gobierno, y existe la violencia auto-infringida. La sociedad ejerce una presión para que estos tipos de violencia no se den, presión que a veces es infructuosa.

Una señal de cambio y conversión frente a la violencia, son las pautas educativas que refuerzan los comportamientos pacíficos, la voz de la paz ha de escucharse para que no sea la ira lo único que se manifieste en la sociedad. Pero existe una paz interior que hace despertar las conciencias, y que denuncia todo tipo de violencia como la que proclama Jesús desde su interior.

Oremos por los violentos, por aquellas personas cuyo único recurso de expresión es la ira, para que encuentren en Jesús de Nazaret una posibilidad de cambio interior, que lo conduzcan al respeto por el otro y por la vida.

Fr. Alexis González de León O.P.
Convento de San Pablo y San Gregorio (Valladolid)


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