’Vuestra tristeza se convertirá en alegría’

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Mayo 29, 2019 20:52 hrs.

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La Palabra de Dios

Jueves 30 de Mayo 2019
Cuando la fiesta de la Ascensión del Señor se celebra el VII Domingo de Pascua, se leen hoy las lecturas siguientes.

Primera lectura
Hch 18, 1-8
En aquellos días, Pablo salió de Atenas y se fue a Corinto. Allí encontró a un judío, llamado Aquila, natural del Ponto, que acababa de llegar de Italia con su mujer, Priscila, en acatamiento a las órdenes de Claudio, que expulsó de Roma a todos los judíos. Pablo se acercó a ellos, y como eran del mismo oficio, se quedó a vivir y a trabajar con ellos. Su oficio era fabricar tiendas de campaña. Cada sábado Pablo discutía en la sinagoga y trataba de convencer a judíos y griegos.

Cuando Silas y Timoteo llegaron de Macedonia, Pablo se dedicó por completo a la predicación y afirmó delante de los judíos que Jesús era el Mesías. Como éstos lo contradecían y lo insultaban, se rasgó las vestiduras y dijo: ’Que la sangre de ustedes caiga sobre su propia cabeza: yo soy inocente. De ahora en adelante, iré a hablar a los paganos’.

Salió de allí y entró en la casa de Tito Justo, que adoraba a Dios, y cuya casa estaba al lado de la sinagoga.

Crispo, el jefe de la sinagoga, creyó en el Señor, junto con toda su familia. Asimismo, al oír a Pablo, muchos de los corintios creyeron y recibieron el bautismo.
Palabra de Dios
Te alabamos, Señor

Salmo Responsorial
Salmo 97, 1. 2-3ab. 3cd-4
R. (cf 2b) El Señor nos ha demostrado su amor y su lealtad. Aleluya.
Cantemos al Señor un canto nuevo,
pues ha hecho maravillas.
Su diestra y su santo brazo
le han dado la victoria.
R. El Señor nos ha demostrado su amor y su lealtad. Aleluya.
El Señor ha dado a conocer su victoria
y ha revelado a las naciones su justicia.
Una vez más ha demostrado Dios
su amor y su lealtad hacia Israel.
R. El Señor nos ha demostrado su amor y su lealtad. Aleluya.
La tierra entera ha contemplado
la victoria de nuestro Dios.
Que todos los pueblos y naciones,
aclamen con júbilo al Señor.
R. El Señor nos ha demostrado su amor y su lealtad. Aleluya.

Aclamación antes del Evangelio
Cfr Jn 14, 18
R. Aleluya, aleluya.
No los dejaré desamparados, dice el Señor;
me voy, pero volveré a ustedes
y entonces se alegrará su corazón.
R. Aleluya.

Evangelio
Jn 16, 16-20
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ’Dentro de poco tiempo ya no me verán; y dentro de otro poco me volverán a ver’. Algunos de sus discípulos se preguntaban unos a otros: ’¿Qué querrá decir con eso de que: ‘Dentro de poco tiempo ya no me verán, y dentro de otro poco me volverán a ver’, y con eso de que: ‘Me voy al Padre’?’ Y se decían: ’¿Qué significa ese ‘un poco’? No entendemos lo que quiere decir’.

Jesús comprendió que querían preguntarle algo y les dijo: ’Están confundidos porque les he dicho: ‘Dentro de poco tiempo ya no me verán y dentro de otro poco me volverán a ver’. Les aseguro que ustedes llorarán y se entristecerán, mientras el mundo se alegrará. Ustedes estarán tristes, pero su tristeza se transformará en alegría’.
La Palabra del Señor
Gloria a ti, Señor Jesús

Reflexión del Evangelio de hoy
La evangelización diaria
Encontramos hoy a Pablo llegando solo a Corinto, capital de Acaya. La ciudad acogía dos culturas, la griega y la romana, y las diversas religiones del imperio. Era un importante nudo de comunicaciones y de comercio, ciudad rica y con fama de malas costumbres. Para Pablo sería la ciudad del amor y del dolor. San Lucas la presenta como la ciudad donde el evangelio se abrió definitivamente a los paganos, después del rechazo de los judíos. ¿Cómo desarrolló Pablo ahí su misión evangelizadora?

Toma contacto con un matrimonio judeo-cristiano expulsado de Roma, con ellos se hospeda y trabaja en su oficio de tejedor de lona.

Cuando llegan Silas y Timoteo se dedica de lleno a la predicación a los judíos. Pero desde su propia llegada asistía los sábados a la sinagoga, discutía y procuraba convencer a judíos y griegos. Se supone que a los primeros les presentaba a Jesús como el Mesías que esperaban. No lo aceptan y reaccionan con blasfemias. Pablo rompe con ellos.

Anuncia que se dedicará a predicar a los paganos. Ellos y Crispo, el jefe de la sinagoga, convertido con toda su familia, ’escuchaban, creían y se bautizaban’. Podemos suponer que fueron la base de la comunidad cristiana que Pablo formó durante su año y medio de estancia y a la que envió después dos cartas.

Anunciar el evangelio, entonces y ahora, siempre cosecha éxitos y fracasos. Podemos encontrar incluso predisposición en contra. Corinto no sería tan distinta de nuestros ambientes actuales. Pablo sigue siendo hoy una referencia en su constancia para consolidar aquella comunidad. Nada se logra en un momento y tampoco hay garantía de cosechar lo que se siembra.

La dinámica de la evangelización es siempre la misma: escuchar – creer – bautizarse. En nuestros ambientes de poscristiandad la Iglesia ha recuperado la importancia del kerigma o primer anuncio y el papa Francisco nos ha convocado el próximo octubre a un Mes Misionero Extraordinario. Para que haya escucha tiene que haber quien anuncie. Muchos, incluso cristianos bautizados, necesitan escuchar. Pablo, en Corinto, nos enseña cómo anunciar: trabaja en su propio oficio, acompaña y comparte la vida diaria, participa en los encuentros de fe que la propia gente vive, aprovecha cualquier ocasión para dar testimonio… y Dios sabe cuándo le llegue a cada persona el momento de creer y decidir bautizarse-incorporarse.

Tristezas y alegrías
El evangelio escogido para hoy tiene el mismo tono de despedida que la solemnidad de la Ascensión del Señor que mucho tiempo se celebró este jueves y ahora se hace el próximo domingo. Son palabras tomadas del discurso de Jesús en la última cena.

’No me veréis… me volveréis a ver’ lo comprenderían mejor sus oyentes a la luz de los acontecimientos de muerte y resurrección que presenciarían después. Un tiempo de no visión y aflicción, referido a la pasión, en que la muerte de Jesús alegraría a otros y les entristecería a ellos. Y un tiempo de volver a ver, de encuentro con el Resucitado, de alegría que nadie les podría quitar. Porque Jesús seguiría estando presente de otra manera en medio de los suyos. Una presencia misteriosa pero real.

Nosotros también vivimos ausencias de Jesús y noches oscuras, situaciones de muerte, de renuncia, de dolor. Nos cuesta entender en él, en nosotros mismos y en los demás las situaciones que son como piedras que aparecen en el camino. No hay Pascua sin muerte. No hay resurrección sin cruz. Incluso al anunciar el evangelio aparecen fracasos y predisposición en contra. También éxitos, nuevas visiones e interpretaciones, luces que disipan oscuridades.

Tengamos confianza. El Espíritu de Dios y el mismo Cristo están presentes en todas las situaciones de nuestra vida y no nos abandonan. Con ellos las tristezas cobran sentido y pueden cambiar en alegría verdadera.

Fray José Antonio Fernández de Quevedo
Convento de San Pablo y San Gregorio (Valladolid)

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