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  • Miércoles, 13 de Diciembre de 2017
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    El observador

    Un crimen llamado Sincretismo


    Cultura

    Septiembre 02, 2017 15:19 hrs.
    Cultura Nacional ›
    Genaro Portillo Gonzalez › SN Noticias

    Sincretismo, es un intento de conciliar doctrinas distintas. Parece a primera vista algo bueno máxime en una sociedad a la que a golpe de martillo se nos quiere imponer la idea de tolerancia, pero me atrevo a preguntar ¿acaso estamos obligados a tolerarlo todo y a
    soportarlo todo?
    Los pseudoartistas adoradores de quimeras deben entender que no todo se puede conciliar.
    Y parafraseando al Cardenal Pie, recordamos lo que tan acertadamente argumento en su
    excelente sermón sobre intolerancia doctrinal-’la esposa legítima no tiene necesidad de tolerar a la esclava’-, la verdad por nada ni por nadie debe mostrarse tolerante frente al error. El sincretismo en la obra presentada por Ismael Vargas definitivamente es un error, un fracaso y un crimen: un error de vocación, pues no es suficiente para ser artista el contar con el apoyo de distinguidos mecenas comprometidos con la corrupta modernidad; un fracaso como pieza artística, no encontrando un museo que la admitiera entre su colección fue lanzada a la calle, pues claro ningún hombre sensato se atrevería a colocarla al lado de las obras que verdaderamente poseen valor artístico; y finalmente el sincretismo es un crimen, que atenta contra la cultura y la idiosincrasia de una mayoría que exige justicia.

    El sincretismo ofende al mismo PICASSO.
    Hay artistas verdaderos que deciden dedicarse al pseudoarte por razones puramente
    monetarias pero no porque no sean capaces de hacer obras estimables. Creo que muy
    probablemente este es el caso de Ismael Vargas. A continuación un fragmento de la carta que dejara como testamento a los futuros artistas Pablo Diego José Ruiz Picasso.
    ’En el arte, el pueblo ya no busca consolación y exaltación, sino que los refinados, los ricos,
    los ociosos, los destiladores de quintaesencia buscan lo nuevo, lo extraño, lo original, lo
    extravagante, lo escandaloso. Y yo mismo, desde el cubismo y más allá, he contentado a
    estos maestros y a estos críticos, con todas las cambiantes rarezas que me han pasado por la cabeza, y cuanto menos las comprendían, más me admiraban, pero cuando estoy a solas
    conmigo mismo, no tengo valor de considerarme como un artista en el sentido grande y
    antiguo de la palabra. Grandes pintores fueron Giotto, el Ticiano, Rembrandt y Goya; yo soy
    solamente un entretenedor público que ha comprendido a su tiempo y se ha aprovechado lo
    mejor que ha podido de la imbecilidad, la vanidad, la avidez de sus contemporáneos. La mía
    es una amarga confesión, más dolorosa de lo que pueda parecer, pero tiene el mérito de ser
    sincera.
    No quieren escuchar al pueblo por considerarlo ’sencillo’ e ’ignorante’ atiendan entonces a
    este gigante del arte, Pablo Picasso, escuchen lo que les tiene que repetir aun ahora después de muerto.
    Hasta mañana.

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