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  • Miércoles, 13 de Diciembre de 2017
  • Óscar Liera

    El dramaturgo, poeta y director de teatro fue considerado uno de los creadores escénicos más importantes de México de la segunda mitad del siglo XX.


    Óscar Liera

    Biografías

    Agosto 10, 2017 16:24 hrs.
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    Nació el 24 de diciembre de 1946 por la calle ferrocarril en la casa marcada con el número cuatro sur, a las orillas de la Ciudad de Culiacán, muy cerca de la estación del ferrocarril Sud Pacífico, frente a El llanito, en donde años después el Club Rotario construiría una enorme fuente que el pueblo bautizó como la Canasta.
    Su padre, además de trabajador del ferrocarril, atendía un abarrote de propiedad familiar y se la pasaba diciendo versos y cantando canciones a cuanta persona acudía al negocio; de buen humor, ocurrente e improvisador de dichos. Su madre, una maestra de escuela primaria esmerada en enseñar a los niños: paciente y callada. Su hermana mayor , Carmen María, era una jovencita dotada de una notable belleza; componía inspirados poemas y era además una reconocida declamadora, solicitada para todo tipo de celebraciones; querida por compañeros y maestros en la Escuela Normal, donde cursaba sus estudios. Desgraciadamente falleció a los catorce años debido a un mal renal que la aquejó por mucho tiempo .
    A Óscar le encantaba fabricar títeres con los cuales daba funciones en el patio de su casa y todos los niños de la manzana donde vivia eran sus invitados; inventaba nombres, identidades y diálogos para cada personaje; el vestuario para dichos personajes la confeccionaba amorosamente su mamá, convirtiéndose así en apoyo y cómplice de sus aspiraciones.Su educación media la recibió en la Universidad de Sinaloa. Durante esos tiempos mostró no sólo dificultades sino una cierta apatía por las ciencias exactas y el inglés, en contraste con un gran interés por la historia y la literatura universal, materias que él continuaba estudiando por cuenta propia más allá de sus obligaciones escolares. A cambio recibía la animación de sus maestros, a quienes les confesaba sus aspiraciones .
    En su estancia en la ciudad de México ingresó en la Escuela Normal Superior, pero la abandonó cuando decidió seguir el verdadero impulso que movía su vida; caminaría por el sendero del tearo sin importar lo que sucediera e inició los estudios correspondientes en Bellas Artes. Insaciable como fue siempre, al término de ésta, estudió en la UNAM la licenciatura en Literatura Española. Actuaba en obras de teatro y con ello fue adquiriendo experiencia y maduración. En ese momento ya escribía cuentos, obras de teatro , guiones ; participaba en concursos de poesía, en los cuales obtuvo premios y reconocimientos a su talento. Escribió unos cuentos que nos maravillaron al descubrirlos en las reuniones que teníamos en el departamento de Jesús Ángel Ochoa Zazueta ( El chuti ), ubicado en lomas de plateros, donde vivía con su familia; al calor del bacanora y la bohemia nos leía unas historias deliciosas. Su obra era extensa. Se marchó después a parís en donde estuvo un tiempo largo viviendo intensamente lo que la Ciudad Luz le ofreció. Al regresar a la Ciudad de México no tardó en darse a conocer en el medio presentando obras. Cuando ya era reconocido por sus trabajos dentro y fuera del país, tomó la decisión de regresar a Culiacán y luchar contra viento y marea para fomentar la cultura teatral formando grupos de teatro que se presentaban en plazuelas y parques públicos, sin equipos y con escasa escenografía. Allí, enseñó a una generación los secretos de la actuación. Su crecimiento fue vertiginoso, pero con una calidad genial; su valor como dramaturgo y director de teatro fue reconocido no sólo en México sino en muchas partes del mundo. Se le han hecho innumerables homenajes y reconocimientos por su labor en el teatro; sus obras se han impreso en otros idiomas, no sólo en español, y representadas además de México, en otros países.

    Una enfermedad lo consumió lentamente hasta que su corazón dejó de latir, en una casa muy cerca de la estación, frente a lo que había sido El llanito, y marcada con el número cuatro sur de la calle Ferrocarril; la misma donde había abierto sus ojos al mundo por primera vez en la víspera de una navidad, allá, en la ciudad a la que tanto amó: Culiacán.

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