Miércoles de Ceniza, Inicia la Cuaresma.


La Cuaresma y la Semana Santa son una oportunidad magnífica;
una oportunidad de reconciliarnos con nuestra mística, con nuestra tradición; de asumir, comprender y sentir nuestro camino de perfección, porque la mística se siente, y se alcanza por la intuición. Nos invitan a la comprensión de la verdadera humil

Miércoles de Ceniza, Inicia la Cuaresma.

Religión

Febrero 14, 2018 12:40 hrs.
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Hoy es Miércoles de Ceniza, hoy comienza la Cuaresma, ese periodo magnífico de preparación del espíritu para sentir y comprender la Semana Santa, que por algo se llama en nuestra tradición semana mayor o semana grande. Con todo y su grandeza, su importancia impar, ¡cuánta incomprensión! ¡Qué refractaria es esta época a toda grandeza!

Sin embargo, este vacío que deja en el alma el alejamiento de la tradición propia, se quiere en ocasiones llenar con filosofías y religiones exóticas, a las que se juzga con una benevolencia que, curiosamente, no se brindan a la religión católica.

Hoy, con las virtudes arrasadas, ya no se piensa en las cosas esenciales, el honor, la rectitud, el valor, la reputación (ante uno mismo y ante Dios), la fortaleza, el espíritu de sacrificio, la lealtad… la muerte (pensar en la muerte nos lleva tan fácilmente a la humildad, y nos abre a tantas virtudes); por eso ya casi no quedan hombres de esencia, parecen una realidad residual de un mundo lejano y arcano. Hoy se rechaza con obstinación enfermiza todo lo que implica esfuerzo del espíritu, de la voluntad (a pesar de que por ella se valora a los hombres), todo lo que tiene indicios de causarnos la más mínima incomodidad.

Hoy parece que no se piensa en las cosas del espíritu, y menos se actúa (como las cosas del espíritu son la sangre de la acción, hoy estamos paralizados, adormilados), por eso sólo se vive, o por mejor decir, se vegeta; nos resulta por tanto imposible comprender el concepto de camino de perfección, único posible para el ser humano cabal, y nos conformamos creyendo que somos suficientemente buenos con lo que tenemos, sin contar con nuestro sabio y entrañable refranero, que al respecto ya sentenció: en las cosas del espíritu, el que no avanza retrocede.

El necio ataque a nuestras tradiciones virtuosas, morales y religiosas, han envilecido al mundo, debilitan la mente de nuestros contemporáneos, y ponen en peligro el futuro.

Cuando un monje budista, de ascética y mortificada vida, hace penitencias, ora y ayuna, se le juzga por místico en busca de la trascendencia y liberación del espíritu; pero si un católico, religioso o no, se comporta de la misma manera según su propia tradición, es un fanático arcaizante.

Una de las razones para no alcanzar la comprensión e importancia de nuestra mística, radica en nuestra vivencia estulta y vacía, resultado de la difusión y penetración de fementidas filosofías como el nihilismo y el hedonismo, que nos han separado de nuestra tradición, y por ello de la verdadera y enriquecedora doctrina. Al perder con ello el sentido de la dignidad propia, la capacidad de sacrificio, el sentido más íntimo del deber, vivimos una vida cobarde y miserable que nos anula.

En palabras de la gran Santa, doctora de la Iglesia, al referirse a la vida ascética, al cumplimiento de las reglas de la vía, la oración, la penitencia: <<No me parece sino que sale el alma del crisol como el oro, más afinada y clarificada.>>

La Cuaresma y la Semana Santa son una oportunidad magnífica;
una oportunidad de reconciliarnos con nuestra mística, con nuestra tradición; de asumir, comprender y sentir nuestro camino de perfección, porque la mística se siente, y se alcanza por la intuición. Nos invitan a la comprensión de la verdadera humildad; a la compresión de nosotros mismos y de nuestra relación con los demás; nos señalan el verdadero camino de la unión trascendente con Dios y la hermandad con los hombres.

La verdadera dimensión de la Cuaresma y la Semana Santa se acerca a través del silencio y la meditación íntima, y con ella se alcanza una paz interior absoluta e incomparable; es una experiencia que sólo se puede comprender cuando se alcanza; sólo el que practica la ascesis sabe a lo que se llega cuando nos aventuramos por su senda; sabe como redime y libera.

El acercamiento a la mística puede ser el cauterio de esta vida dispersa y frenética, pues la experiencia mística es un fenómeno esencialmente de la voluntad y la atención, asentada e inmersa en la moral más sublime.

Para comprender ciertas cosas, y para acercarse a Dios, no basta el camino de la razón. La mística nos lleva, con las alas de la intuición, a experiencias y comprensiones que ninguna razón puede alcanzar.
La mística nos lleva a un estado extraordinario de perfección, al que no se puede llegar más que de hinojos, desde una sincera y enriquecedora humildad, a la que nos impide llegar la necia soberbia brutamente inoculada en el alma del hombre actual.

La Cuaresma y la Semana Santa son una oportunidad de trascendencia, que, la mayoría de nosotros, dejará pasar una vez más.

Amadeo A. Valladares Álvarez.

AL CRISTO DE MI CABECERA.
(Amós de Escalante)

Tú velas en la Cruz, donde clavado
te deja y vergonzoso y dolorido,
más que el odio de un pueblo fementido,
la pesadumbre inmensa del pecado.

Tú velas en la Cruz, y descuidado
duerme a tus pies mi espíritu rendido
en brazos del silencio y del olvido,
de un sueño en otro sueño trasplantado.

No sabe si hallará cuando despierte
los dolores y halagos de la vida
o el juicio y resistencia de la muerte.

Si Tú, Señor, le compadeces, cuida
de hacerle amar tu hora, la de verte,
si esperada quizás, siempre temida.

¡¡PLUS ULTRA!!

¡¡SPIRITUS ACCENSUS!!

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