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Lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre


’ El Señor cuida nuestros caminos ’

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Lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre

Religión

Febrero 28, 2019 17:34 hrs.
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Viernes 1º De Marzo 2019


La Palabra de Dios

Primera lectura
Sir6, 5-17
Las palabras amistosas multiplican el número de amigos,
los labios amables aumentan los saludos.
Es bueno que te saluden muchos;
pero que uno solo entre mil sea tu amigo íntimo.
Cuando hagas una nueva amistad, vete con tiento;
no te le confíes tan fácilmente,
pues hay amigos que lo son por conveniencia
y no son fieles en el día de la desgracia.
Hay amigos que se vuelven enemigos
y descubren con afrenta los motivos del pleito.

Hay amigos que te acompañan a comer,
pero nunca se aparecen en la hora de las penas: cuando te va bien, están contigo,
cuando te va mal, huyen de ti;
si te ocurre una desgracia, cambian de actitud
y se esconden de tu vista.
Aléjate de tus enemigos
y sé precavido con tus amigos.

El amigo fiel es un refugio que da seguridad;
el que lo encuentra, ha encontrado un tesoro.
El amigo fiel no tiene precio:
ningún dinero ajusta para comprarlo.
El amigo fiel es un tónico de vida.
Los que aman al Señor lo encontrarán;
el que teme al Señor sabe ser fiel amigo
y hace a sus amigos como él.
Palabra de Dios
Te alabamos, Señor

Salmo Responsorial
Salmo 118, 12. 16. 18. 27. 34. 35
R. (35a) Señor, guíame, por la senda de tu ley.
Señor, bendito seas;
enséñame tus leyes.
En tus preceptos tengo mis delicias, jamás me olvidaré de tus palabras.
R. Señor, guíame, por la senda de tu ley.
Abreme los ojos para ver
las maravillas de tu voluntad.
Dame nueva luz para conocer tu ley
y para meditar las maravillas de tu amor.
R. Señor, guíame, por la senda de tu ley.
Enséñame a cumplir tu voluntad
y a guardarla de todo corazón.
Guíame por la senda de tu ley,
que es lo que quiero.
R. Señor, guíame, por la senda de tu ley.

Aclamación antes del Evangelio
Cfr Jn 17, 17
R. Aleluya, aleluya.
Tu palabra, Señor, es la verdad, santifícanos en la verdad.
R. Aleluya.

Evangelio
Mc 10, 1-12
En aquel tiempo, se fue Jesús al territorio de Judea y Transjordania, y de nuevo se le fue acercando la gente; él los estuvo enseñando, como era su costumbre. Se acercaron también unos fariseos y le preguntaron, para ponerlo a prueba: ’¿Le es lícito a un hombre divorciarse de su esposa?’

Él les respondió: ’¿Qué les prescribió Moisés?’ Ellos contestaron: ’Moisés nos permitió el divorcio mediante la entrega de un acta de divorcio a la esposa’. Jesús les dijo: ’Moisés prescribió esto, debido a la dureza del corazón de ustedes. Pero desde el principio, al crearlos, Dios los hizo hombre y mujer. Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su esposa y serán los dos una sola cosa. De modo que ya no son dos, sino una sola cosa. Por eso, lo que Dios unió, que no lo separe el hombre’.

Ya en casa, los discípulos le volvieron a preguntar sobre el asunto. Jesús les dijo: ’Si uno se divorcia de su esposa y se casa con otra, comete adulterio contra la primera. Y si ella se divorcia de su marido y se casa con otro, comete adulterio’.
Palabra del Señor
Gloria a ti, Señor Jesús

Reflexión del Evangelio de hoy
Un amigo fiel es un talismán: el que teme a Dios lo alcanza
En esta lectura del Eclesiástico se nos dan una serie de consejos para aprobar los buenos amigos de los impostores, los amigos francos y sinceros, de los aduladores y advenedizos; los amigos permanentes y constantes, de los interesados y volátiles.

Hay que saber distinguir el buen amigo del que no lo es, y mantener lejos a los enemigos. La amistad verdadera ha sido tema de reflexión desde los principios de los tiempos. El ser humano necesita encontrarse a sí mismo en la referencia con el otro, en la imagen que le refleja lo esencial de la humanidad.

Y el mejor otro es el amigo, el que te abre a la mayor hondura de ti mismo. Y en esta profundidad dice el Eclesiástico, ’el que teme a Dios lo alcanza’, porque la dimensión más arraigadamente humana de uno mismo es la relacionada con nuestro Dios.

Temer a Dios es estar en sintonía con su voluntad, hacer que la voluntad de Dios sea una realidad en las situaciones del hombre. También Jesús nos lo dijo: ’ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su Señor; a vosotros os llamo amigos, si hacéis lo que yo os digo’. Y lo que Jesús nos dice es cumplir el mandamiento del amor, reconocer en el otro la imagen del Creador, la dignidad del hombre, tal como se nos resalta en el evangelio de hoy.

Lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre
En Génesis tenemos una doble semblanza de la importancia de la mujer en la creación de Dios. En un primer momento, Dios crea todas las cosas y termina con la creación del hombre a ’imagen nuestra’, a imagen de Dios. Y dice Génesis, ’A imagen de Dios le creó, macho y hembra los creó’. El ser humano es indistinta y semejantemente hombre y mujer. Y en un segundo relato, sitúa Dios a Adán en el Paraíso, pero Dios no encuentra una pareja ’adecuada’ para él. Entonces moldea la figura de Eva y se la presenta a Adán. Este, al despertar y ver a Eva, exclama: ’esta es hueso de mis huesos y carne de mi carne’ Y continúa el relato: ’Por eso deja el hombre a su padre y a su madre y se une a su mujer, y se hace una sola carne’.

Sobre este texto el evangelio de Marcos hoy nos cuenta una anécdota del Maestro con unos fariseos. Estos le preguntan sobre la licitud del divorcio para mantener la pureza ritual. Es la dialéctica permanente de la ley y su cumplimiento, el repudio como concesión mosaica a la dureza de corazón. Jesús, deja clara su postura al respecto.

En diferentes fuentes queda atestiguada su posición sobre este tema. Jesús cree que lo que Génesis presenta como creación original es lo ideal. Que el hombre está planificado para llevar adelante la amistad más profunda con una pareja en la complementariedad y el encuentro. Vivir en la verdadera dimensión de Dios, desde el temor, que es cariño y ternura de Dios, nos acerca a este ideal de matrimonio y deja lejos el planteamiento del divorcio y la separación, la ruptura de relación y afectos.

Encontrarse con la dignidad y la aceptación de nuestra pareja nos hace capaces de superar los inconvenientes puntuales que surgen en las relaciones. Tener a Dios de referente, nos permite ser desprendidos y bondadosos en nuestra relación, y ello dificulta los desencuentros que pueden surgir en la convivencia. Vivir desde la generosidad y el respeto hace que nuestros encuentros personales puedan ser más gratificantes. Dios es bondad, es amor, y vivir en Dios es vivir con estas categorías y desde estas perspectivas.

El amor de Dios debe concretarse en nuestro día a día, y hacerse efectivo con la gente que nos rodea y convive con nosotros. Pidamos a Dios la gracia necesaria para ser portadores de su amor y su misericordia permanentemente.
D. Oscar Salazar, O.P.
Fraternidad San Martín de Porres (Madrid)

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