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’Le pondrás por nombre Juan’


Ha venido a verme un hombre de Dios

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’Le pondrás por nombre Juan’

Religión

Diciembre 18, 2018 21:49 hrs.
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La Palabra de Dios

Miércoles 19 de diciembre 2018

Tercera semana de Adviento
Primera lectura
Jc 13, 2-7. 24-25
En aquellos días, había en Sorá un hombre de la tribu de Dan, llamado Manoa. Su mujer era estéril y no había tenido hijos. A esa mujer se le apareció un ángel del Señor y le dijo: "Eres estéril y no has tenido hijos; pero de hoy en adelante, no bebas vino, ni bebida fermentada, ni comas nada impuro, porque vas a concebir y a dar a luz un hijo. No dejes que la navaja toque su cabello, porque el niño estará consagrado a Dios desde el seno de su madre y él comenzará a salvar a Israel de manos de los filisteos".

La mujer fue a contarle a su marido: "Un hombre de Dios ha venido a visitarme. Su aspecto era como el del ángel de Dios, terrible en extremo. Yo no le pregunté de dónde venía y él no me manifestó su nombre, pero me dijo: ’Vas a concebir y a dar a luz un hijo. De ahora en adelante, no bebas vino ni bebida fermentada, no comas nada impuro, porque el niño estará consagrado a Dios desde el seno de su madre hasta su muerte’ ".

La mujer dio a luz un hijo y lo llamó Sansón. El niño creció y el Señor lo bendijo y el espíritu del Señor empezó a manifestarse en él.
Palabra de Dios
Te alabamos, Señor

Salmo Responsorial
Sal 70, 3-4a. 5-6ab. 16-17
R. (cf 8a) Que mi boca, Señor, no deje de alabarte.
Señor, sé para mí un refugio,
ciudad fortificada en que me salves.
Y pues eres mi auxilio y mi defensa,
líbrame, Señor, de los malvados.
R. Que mi boca, Señor, no deje de alabarte.
Señor, tú eres mi esperanza;
desde mi juventud en ti confío.
Desde que estaba en el seno de mi madre,
yo me apoyaba en ti y tú me sostenías.
R. Que mi boca, Señor, no deje de alabarte.
Tus hazañas, Señor, alabaré,
diré a todos que sólo tú eres justo.
Me enseñaste a alabarte desde niño
y seguir alabándote es mi orgullo.
R. Que mi boca, Señor, no deje de alabarte.

Aclamación antes del Evangelio

R. Aleluya, aleluya.
Retoño de Jesé, que brotaste como señal para los pueblos,
ven a librarnos y no te tardes.
R. Aleluya.

Evangelio
Lc 1, 5-25
Hubo en tiempo de Herodes, rey de Judea, un sacerdote llamado Zacarías, del grupo de Abías, casado con una descendiente de Aarón, llamada Isabel. Ambos eran justos a los ojos de Dios, pues vivían irreprochablemente, cumpliendo los mandamientos y disposiciones del Señor. Pero no tenían hijos, porque Isabel era estéril y los dos, de avanzada edad.

Un día en que le correspondía a su grupo desempeñar ante Dios los oficios sacerdotales, le tocó a Zacarías, según la costumbre de los sacerdotes, entrar al santuario del Señor para ofrecer el incienso, mientras todo el pueblo estaba afuera, en oración, a la hora de la incensación.

Se le apareció entonces un ángel del Señor, de pie, a la derecha del altar del incienso. Al verlo, Zacarías se sobresaltó y un gran temor se apoderó de él. Pero el ángel le dijo: "No temas, Zacarías, porque tu súplica ha sido escuchada. Isabel, tu mujer, te dará un hijo, a quien le pondrás el nombre de Juan. Tú te llenarás de alegría y regocijo, y otros muchos se alegrarán también de su nacimiento, pues él será grande a los ojos del Señor; no beberá vino ni licor y estará lleno del Espíritu Santo, ya desde el seno de su madre. Convertirá a muchos israelitas al Señor; irá delante del Señor con el espíritu y el poder de Elías, para convertir los corazones de los padres hacia sus hijos, dar a los rebeldes la cordura de los justos y prepararle así al Señor un pueblo dispuesto a recibirlo".

Pero Zacarías replicó: "¿Cómo podré estar seguro de esto? Porque yo ya soy viejo y mi mujer también es de edad avanzada". El ángel le contestó: "Yo soy Gabriel, el que asiste delante de Dios. He sido enviado para hablar contigo y darte esta buena noticia. Ahora tú quedarás mudo y no podrás hablar hasta el día en que todo esto suceda, por no haber creído en mis palabras, que se cumplirán a su debido tiempo".

Mientras tanto, el pueblo estaba aguardando a Zacarías y se extrañaba de que tardara tanto en el santuario. Al salir no pudo hablar y en esto conocieron que había tenido una visión en el santuario. Entonces trató de hacerse entender por señas y permaneció mudo.

Al terminar los días de su ministerio, volvió a su casa. Poco después concibió Isabel, su mujer, y durante cinco meses no se dejó ver, pues decía: "Esto es obra del Señor. Por fin se dignó quitar el oprobio que pesaba sobre mí".
Palabra del Señor
Gloria a ti, Señor Jesús


Reflexión del Evangelio de hoy
’ LE PONDRÁS POR NOMBRE JUAN ’

Las lecturas de hoy nos presentan relatos comunes, en este caso concreto dos anunciaciones de nacimientos en circunstancia anómalas debido a la esterilidad. Ambas lecturas tienen un esquema similar perteneciente al género de anunciaciones con los elementos siguientes: 1) Aparición de un ángel: a la madre de Sansón en (v.3) y a Zacarías (v.11). 2) Reacción de temor, y su réplica ’no temáis’: a los padres de Sansón (Jue 13,6.22) y a Zacarías (Lc1,12-13). 3) Anuncio del nacimiento de un hijo, dónde un elemento importante es los que el niño hará o será en el futuro: (Jue 13,5), (Lc1,15-17). 4) La persona a la que se dirige el anuncio pone sus objeciones (Jue 13,17), (Lc 1,18). 5) Un signo, una señal que asegura al beneficiario (Jue 3,9), (Lc 1,20)

HA VENIDO A VERME UN HOMBRE DE DIOS
El libro de los jueces en ocasiones puede confundirnos pensando que vamos a encontrar a un personaje encargado de administrar justicia. Sin embargo, el libro toma su nombre, del verbo safat, ’juzgar’, en el sentido de ’tomar una decisión’ para conducir los destinos de un clan, de una tribu, de un pueblo. Hoy nos encontramos con el relato de la anunciación del nacimiento de uno de estos jueces, Sansón.

Llama la atención que el anuncio sea hecho a una mujer y no a su esposo Manóaj, y se nos dice su situación, ella era estéril. Un ángel del Señor se le aparece, le anuncia el nacimiento del niño y su consagración como nazir. Sansón es elegido por Dios ’desde el seno materno’ y es consagrado para salvar a su pueblo de los filisteos (Jue 13,4-5). En nuestro texto aparecen los tres elementos típicos de una vocación: elección, consagración, misión. De los tres, la consagración que va a recibir el niño, hace que la madre tenga que abstenerse de comer alimentos impuros y de beber vino. A este niño consagrado por Dios se le prohíbe en un futuro todo aquello que establece la ley del nazireato, como prohibiciones más fundamentales: cortarse los cabellos, afeitarse la cabeza.

A Sansón más tarde lo conoceremos por su gran fuerza, frente a su inseguridad personal y su debilidad ante las mujeres. Dios elige para llevar a cabo su misión a quién quiere, sin fijarse en mérito alguno, lo que realmente importa es el proyecto de Dios para cada uno de nosotros.

Le pondrás por nombre Juan
Ya hemos visto como en el Antiguo testamento aparecen anuncios de nacimientos de personajes importantes dentro del proyecto de Dios. Lucas abre su relato de manera singular: egeneto, ’hubo’, para decirnos a continuación algunas características de la persona a la que se va a dirigir el Ángel del Señor. El texto está ambientado en tiempo del Rey Herodes el grande, y el nombre del personaje es Zacarías: sacerdote, casado con una mujer también de estirpe sacerdotal. Todo está descrito en un ambiente religioso, litúrgico que prepara la escena para acoger la experiencia religiosa que va a acontecer. Zacarías e Isabel son personas justas, buenas, fieles y obedientes a la ley judía. Pero tienen un problema, o tal vez sean dos, no tienen hijos, Isabel es estéril y ambos son de edad avanzada.

El mensaje que va a recibir Zacarías del ángel Gabriel, mensajero que trae una noticia de parte de Dios, contiene dos aspectos: el primero es que su petición ha sido escuchada. Dios se pone de parte de quién confía en él, ora con insistencia y mira el corazón del justo que cree y espera. El segundo es el anuncio de una nueva realidad: Isabel, tu mujer, te dará un hijo. El nacimiento de este niño que llevará por nombre Juan desborda todas las expectativas humanas. Dios ha mostrado su favor, traducción del nombre, porque este niño es gracia y don para sus padres y para el pueblo. Por eso la alegría y el gozo no tienen límite. La vida del que está por nacer aparece descrita como un nazir y de esta manera el evangelista indica a su comunidad que el niño anunciado, será grande ante Dios y su misión profética consistirá en caminar delante del Señor, como el nuevo Elías que tenía que venir, para preparar al Mesías un pueblo bien dispuesto. Zacarías pone sus objeciones manifestando su incredulidad ante la misión encomendada a Juan y queda mudo. El signo que pide al ángel se convierte en señal para el pueblo que espera la bendición una vez finalizada la oración. Al ver la gente que se había quedado mudo comprendieron que el sacerdote había tenido una visión. El final es breve. Terminado su ministerio Zacarías regresa a su casa e Isabel concibe, interpretando como una bendición su nueva situación. Dios la ha liberado y ha hecho de ella una mujer sin cadenas, ni condenas sociales. Dios ha estado grande en su debilidad. Isabel se recluye en su casa durante cinco meses.

El Adviento avanza, Jesús está cerca nos lo anuncia su precursor, el niño nacido de la petición y la escucha, del silencio y de la voz de Dios. Aquel que gritará desde el desierto que el Señor está cerca, que el Mesías llama a las puertas de todos aquellos que tienen el corazón dispuesto a la acogida y al encuentro, a la paz y la fraternidad, a la solidaridad y al compromiso para crear una humanidad nueva. ¿Estás preparado/a?

Hna. Carmen Román Martínez O.P.
Congregación de Santo Domingo

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