Hoy se nos regala una palabra: ESPERANZA

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Octubre 28, 2019 21:42 hrs.

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La Palabra de Dios



Martes 29 De Octubre 2019

Primera lectura
Rom 8, 18-25
Hermanos: Considero que los sufrimientos de esta vida no se pueden comparar con la gloria que un día se manifestará en nosotros; porque toda la creación espera, con seguridad e impaciencia, la revelación de esa gloria de los hijos de Dios.

La creación está ahora sometida al desorden, no por su querer, sino por voluntad de aquel que la sometió, pero dándole al mismo tiempo esta esperanza: que también ella misma va a ser liberada de la esclavitud de la corrupción, para compartir la gloriosa libertad de los hijos de Dios.

Sabemos, en efecto, que la creación entera gime hasta el presente y sufre dolores de parto; y no sólo ella, sino también nosotros, los que poseemos las primicias del Espíritu, gemimos interiormente, anhelando que se realice plenamente nuestra condición de hijos de Dios, la redención de nuestro cuerpo.

Porque ya es nuestra la salvación, pero su plenitud es todavía objeto de esperanza. Esperar lo que ya se posee no es tener esperanza, porque, ¿cómo se puede esperar lo que ya se posee? En cambio, si esperamos algo que todavía no poseemos, tenemos que esperarlo con paciencia.
Palabra de Dios
Te alabamos, Señor Jesús

Salmo Responsorial
Salmo 125, 1-2ab. 2cd-3. 4-5. 6
R. Grandes cosas ha hecho por nosotros, Señor.
Cuando el Señor nos hizo volver del cautiverio,
creíamos soñar;
entonces no cesaba de reír nuestra boca
ni se cansaba entonces la lengua de cantar.
R. Grandes cosas has hecho por nosotros, Señor.
Aun los mismos paganos con asombro decían:
"¡Grandes cosas ha hecho por ellos el Señor!"
Y estábamos alegres,
pues ha hecho grandes cosas por su pueblo el Señor.
R. Grandes cosas has hecho por nosotros, Señor.
Como cambian los ríos la suerte del desierto,
cambia también ahora nuestra suerte, Señor,
y entre gritos de júbilo
cosecharán aquellos que siembran con dolor.
R. Grandes cosas has hecho por nosotros, Señor.
Al ir, iba llorando, cargando la semilla;
al regresar, cantando vendrán con sus gavillas.
R. Grandes cosas has hecho por nosotros, Señor.

Aclamación antes del Evangelio
Cfr Mt 11, 25
R. Aleluya, aleluya.
Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra,
porque has revelado los misterios del Reino
a la gente sencilla.
R. Aleluya.

Evangelio
Lc 13, 18-21
En aquel tiempo, Jesús dijo: "¿A qué se parece el Reino de Dios? ¿Con qué podré compararlo? Se parece a la semilla de mostaza que un hombre sembró en su huerta; creció y se convirtió en un arbusto grande y los pájaros anidaron en sus ramas".

Y dijo de nuevo: "¿Con qué podré comparar al Reino de Dios? Con la levadura que una mujer mezcla con tres medidas de harina y que hace fermentar toda la masa".
Palabra del Señor
Gloria a ti, Señor Jesús

Reflexión del Evangelio de hoy
Hoy se nos regala una palabra: ESPERANZA
En Romanos 8 San Pablo nos muestra la palpable realidad de que la vida del hombre sobre la tierra es lucha, tribulación, dolor.

Cuando nace un bebé, lo primero que escuchamos de él es su llanto. El paso de la seguridad del seno materno a una etapa nueva de su vivir es doloroso, incierto… Su instinto le hace prorrumpir en llanto.

Y lo último que solemos ver cuando un ser querido nos deja es una lágrima en sus ojos.

En ese tiempo intermedio que llamamos vida, ¿qué puede suceder? Es nuestro personal camino hacia la meta que Dios nos ha prometido, camino que en su primer trayecto suele recorrerse bastante ligeramente, pero en el que, poco a poco, vamos tropezando con sus piedras, sus dificultades que hemos de solventar, en definitiva con el dolor, con los padecimientos.

Y Pablo nos asegura que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria que en Cristo se nos ha prometido. Podríamos entretener nuestra reflexión en dilucidar sobre la gloria… pero no. Prefiero reflexionar en el porqué de esa seguridad.

Y es que de ese mismo anhelo del caminante por superarse y alcanzar la meta, participa toda la creación que ’fue sujeta a la vanidad no por propia voluntad, sino por aquél que la sometió’.

Y bien, ¿qué es lo que hace que nos mantengamos en pie, con firmeza, sobre todas las dificultades?

También es Pablo el que nos lo dice con toda claridad: ’La esperanza en que fuimos salvados’. Y ¿cómo podemos esperar en aquello que no vemos? Porque confiamos en Aquél que nos ha hecho la promesa, en la Palabra de Cristo-Jesús.

Y es por eso que podemos cantar con el salmo 125: ’Cuando el Señor cambió la suerte de Sión…’. Alabanza, alegría, gratitud… Es un salmo que nos posibilita expresar esos sentimientos que brotan de un corazón en el que habita la ESPERANZA.

¿A qué lo compararé?
Y Lucas en el Evangelio nos habla del reino: ’¿A qué lo compararé?’.

Y al reflexionar sobre ello se me ocurre una respuesta para cada una de las semejanzas que Jesús elije:

_ ’Al grano de mostaza…’: a una vida, aunque sea muy pequeña e insignificante, entregada hasta el límite, que permanece oculta-enterrada para tener fuerza y poder dar vida. Y los que estamos llamados a vivir el evangelio debemos ser así, sin apariencias ir dando vida en torno nuestro porque se nos está dando ’del árbol de la vida’, de Cristo, en su Palabra y en sus Sacramentos. Semilla que desaparece y transforma por la fuerza de Cristo, siendo capaces de fortalecer e iluminar a los que nos rodean.

_’A la levadura que fermenta toda la masa’: basta una pequeña parte de levadura para que se produzca la fermentación total.

Si es Cristo la levadura en nuestras vidas; si es Él quien guía nuestros pasos e informa nuestras acciones, cualquier pequeño movimiento de nuestro corazón hacia los demás puede estar propiciando la extensión del Reino.

La levadura solo puede fermentar la masa si se hace una con ella. Sólo el Amor une y transforma. Sólo el Amor fortalece el REINO. Sólo desde la hondura de una fraternal y compartida vivencia de Dios, de su Amor, se puede hacer frente a la disgregación.

Caminemos pues, viviendo en la Esperanza hasta alcanzar el logro de la plenitud del Reino, dejando atrás toda aflicción y dolor, superados por la gloria prometida.

Sor María del Rosario Hernández O.P.
Convento de Santo Domingo (Zaragoza)

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