El suicidio asistido y la eutanasia: Lo que todos necesitan saber.( parte III )

Continuamos con 2 temas que es indispensable conocer; El dolor y el sufrimiento en la enfermedad y Las ’enfermedades incurables y terminales’


El suicidio asistido y la eutanasia: Lo que todos necesitan saber.( parte III )

Periodismo

Noviembre 22, 2017 23:22 hrs.
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El dolor y el sufrimiento en la enfermedad

En el «Boletín de la Asociación Americana de Medicina» se publicó años atrás un artículo anónimo que tenía como título: «It’s over, Debbie» («Todo terminó, Debbie»)[11]. El artículo, que en su momento fue mayoritariamente condenado por la falta de ética médica del autor, ha sido muy bien utilizado por los que astutamente buscan reabrir el debate sobre la eutanasia y el suicidio asistido en los círculos académicos de los Estados Unidos. En él, se describe el asesinato de una paciente joven con un cáncer ginecológico incurable y con terribles dolores, a manos de un somnoliento médico de guardia que no conocía el caso, pero que fue despertado para ayudarla, y pensó fríamente que lo mejor era matarla para aliviarle los sufrimientos. El problema que afrontamos actualmente no consiste sólo en evitar leyes que amparen el asesinato de pacientes, sino también en disminuir la posibilidad de que hechos como el descrito en el artículo, y cuyas estadísticas reales son desconocidas, ocurran con regularidad.

Para todos está claro que la falta de control del dolor y la depresión, entre otros síntomas, constituyen una presión en los pedidos de suicidio asistido o eutanasia, como ha sido documentado en muchos estudios[12]. Los médicos que manejamos casos de pacientes con enfermedades crónicas como el cáncer, tenemos la convicción de que con la tecnología y la medicina actual en el 95% de los casos podemos controlar el dolor; sin embargo, hemos de reconocer que la mayoría de los pacientes están en desacuerdo con nosotros. En 1991 una encuesta de la Organización Mundial para la Salud (OMS) encontró que solamente el 50% de los pacientes decía que su dolor estaba controlado, lo cual permite concluir que muy probablemente no se están usando todos los recursos médicos que están disponibles para aliviar ese dolor. No es raro que los pacientes y sus familiares se depriman, pierdan la fe y la esperanza, y empiecen a buscar soluciones radicales a sus problemas para no sufrir más.

La medicina ha progresado rápidamente. El manejo del dolor exige que los médicos posean conocimientos que son difíciles de adquirir si no se dedican cotidianamente a ello o no es parte de su especialidad. Por eso no es raro que algunos tengan reparos en recetar narcóticos, o que no sepan qué hacer para controlar el dolor de sus pacientes. La ignorancia y algunas falsas ideas conducen a muchos médicos a pensar que el dolor es intratable. Sin embargo, considero que son raros —si en verdad existen— los casos de ’dolor intratable’. Y para cualquier persona en su sano juicio resulta totalmente absurdo ampararse en esta idea para justificar el asesinato de otro ser humano.

Por otro lado, encontramos también algunas dificultades en la idiosincrasia del paciente y su cultura. Algo que descubrí en mi trabajo, por ejemplo, es la idea de que la morfina convierte al enfermo en drogadicto; por ello prefieren no tomarla a pesar de sentir mucho dolor. Asímismo hay pacientes que cuando van al médico no dicen toda la verdad, pues piensan que reconocer que padecen algún dolor implicaría que el tratamiento ha fracasado y temen que el médico les diga que se están muriendo. Otros simplemente no quieren hacer sentir mal al doctor y relativizan su malestar porque consideran que éste podría perturbarse al saber que no los está aliviando.

Es preciso recordar que el dolor y el sufrimiento tienen componentes mayoritariamente subjetivos; en otras palabras, es la forma como el paciente percibe su dolor y lo convierte en sufrimiento lo que influye en su intensidad. Así, por ejemplo, el uso simultáneo de analgésicos y antidepresivos alivia el dolor, ya que mejora el estado anímico del paciente. De la misma manera, cuando el paciente trasciende a un plano espiritual y encuentra un sentido a su sufrimiento, es capaz de encontrar más alivio y menos dolor. Basta un poco de experiencia para saber que dos pacientes con el mismo cáncer, nunca sufren igual.



Las ’enfermedades incurables y terminales’

El concepto de ’enfermedad terminal’ es otra noción muy subjetiva que se toma muchas veces como base para predecir la muerte, con el fin de justificar medidas extremas. Si bien es cierto que existen casos en los cuales los médicos podemos presagiar la muerte próxima de un enfermo, la mayoría de las veces nuestras presunciones están basadas en estudios estadísticos que solamente analizan probabilidades. Por poner un ejemplo, algunos pacientes con cáncer de pulmón tienen una expectativa de vida de 18 meses. Sin embargo, el 5% de dichos pacientes vive alrededor de 5 años. ¿Cómo puede uno predecir en qué caso se encuentra el paciente que uno tiene a su cargo en ese momento? ¿Cómo puede uno determinar que el paciente está ’terminal’ simplemente por probabilidades?

Es importante, además, tener en cuenta la libertad del paciente a la hora de tomar decisiones acerca de temas fundamentales como la vida y la muerte. Dicha libertad, así como su competencia mental, puede verse seriamente disminuida con algunas enfermedades crónicas graves como el cáncer o el SIDA, y con estados emocionales como la depresión. Por ello, es muy importante la evaluación psiquiátrica en todos los casos. En un estudio publicado en el «Boletín de la Asociación Americana de Medicina» sobre pacientes crónicamente enfermos, se enfatiza la depresión como factor favorable al suicidio asistido, además del dolor y la falta de cuidado de los familiares. Lo interesante de este estudio es que luego de seguir a estos pacientes por más de un año, se ha visto que casi el 50% cambia de opinión respecto al suicidio asistido, demostrando que la desesperanza que viven tiene un factor emocional grande que puede revertirse, ya sea con el manejo del dolor, con el apoyo de la familia, o con el alivio de la depresión[13].

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