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Cristo es señor de vivos y muertos


Piensa en tu fin y cesa en tu enojo


Cristo es señor de vivos y muertos

Religión

Septiembre 16, 2017 21:47 hrs.
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Lecturas del Domingo, 17 de septiembre de 2017


Primera lectura
PERDONA LAS OFENSAS A TU PRÓJIMO
Lectura del libro del Eclesiástico (27,33–28,9):

Furor y cólera son odiosos; el pecador los posee. Del vengativo se vengará el Señor y llevará estrecha cuenta de sus culpas. Perdona la ofensa a tu prójimo, y se te perdonarán los pecados cuando lo pidas. ¿Cómo puede un hombre guardar rencor a otro y pedir la salud al Señor? No tiene compasión de su semejante, ¿y pide perdón de sus pecados? Si él, que es carne, conserva la ira, ¿quién expiará por sus pecados? Piensa en tu fin, y cesa en tu enojo; en la muerte y corrupción, y guarda los mandamientos. Recuerda los mandamientos, y no te enojes con tu prójimo; la alianza del Señor, y perdona el error.

Palabra de Dios
Te alabamos Señor Jesús

Salmo
EL SEÑOR ES COMPASIVO Y MISERICORDIOSO
Sal 102,1-2.3-4.9-10.11-12

R/. El Señor es compasivo y misericordioso,
lento a la ira y rico en clemencia

Bendice, alma mía, al Señor,
y todo mi ser a su santo nombre.
Bendice, alma mía, al Señor,
y no olvides sus beneficios. R/.

Él perdona todas tus culpas
y cura todas tus enfermedades;
él rescata tu vida de la fosa
y te colma de gracia y de ternura. R/.

No está siempre acusando
ni guarda rencor perpetuo;
no nos trata como merecen nuestros pecados
ni nos paga según nuestras culpas. R/.

Como se levanta el cielo sobre la tierra,
se levanta su bondad sobre sus fieles;
como dista el oriente del ocaso,
así aleja de nosotros nuestros delitos. R/.

Segunda lectura
CRISTO ES SEÑOR DE VIVOS Y MUERTOS.
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (14,7-9):

Ninguno de nosotros vive para sí mismo y ninguno muere para sí mismo. Si vivimos, vivimos para el Señor; si morimos, morimos para el Señor; en la vida y en la muerte somos del Señor. Para esto murió y resucitó Cristo: para ser Señor de vivos y muertos.

Palabra de Dios
Te alabamos Señor Jesús

Evangelio
EL PERDÓN DE DIOS, TAN GRANDE COMO SU MISERICORDIA
Evangelio según san Mateo (18,21-35)
Lectura del santo evangelio según san Mateo (18,21-35):

En aquel tiempo, se adelantó Pedro y preguntó a Jesús: «Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces le tengo que perdonar? ¿Hasta siete veces?»
Jesús le contesta: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Y a propósito de esto, el reino de los cielos se parece a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus empleados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así. El empleado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo: "Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré todo." El señor tuvo lástima de aquel empleado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda. Pero, al salir, el empleado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba, diciendo: "Págame lo que me debes." El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba, diciendo: "Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré." Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía. Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo: "¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo pediste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?" Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda. Lo mismo hará con vosotros mi Padre del cielo, si cada cual no perdona de corazón a su hermano.»

Palabra del Señor
Gloria a Dios

Comentario al Evangelio
Fernando Torres cmf
El perdón de Dios, tan grande como su misericordia

Jesús dice que tenemos que perdonar hasta setenta veces siete. Es una forma de hablar exagerada. Para que lo entendamos bien. Significa simplemente que hay que perdonar siempre. Nadie ha tenido la posibilidad de perdonar a otra persona esa enorme cantidad de veces. La exageración continúa en la parábola. La deuda que el empleado tiene con el rey, diez mil talentos, es en la práctica imposible de pagar por lo enorme. Pensemos que las rentas anuales del rey Herodes el Grande no llegaban a los mil talentos en los tiempos de Jesús. Para el empleado no hay salida. Lo sorprendente es que el rey le perdone. Y más sorprendente todavía es que el empleado se preocupe de recuperar cien denarios de su compañero, una miseria de deuda si pensamos que un talento equivalía a seis mil denarios.

Todas estas exageraciones nos llevan a un dato fundamental: la misericordia de Dios es tan enorme que no podemos siquiera imaginarla. Casi se podría decir que todas nuestras ideas sobre lo bueno y lo malo, sobre el pecado, etc desaparecen frente a la misericordia de Dios. El amor de Dios por sus criaturas es tan grande que ni siquiera se habla de perdón. Es simplemente un amor que lo cubre todo, que nos envuelve totalmente. Como dice Pablo en la segunda lectura: ’en la vida y en la muerte somos del Señor’. Al lado de ese amor, de esa inmensa misericordia, queda claro que cualquier cosa que nos haga uno de nuestros hermanos es nada. Por heridos y dolidos que nos sintamos.

Pero tendríamos que ir un paso más allá. ¿No es mucha soberbia pensar que puedo perdonar a mi hermano o hermana? Cuando hago eso, me estoy situando en el lugar del rey de la parábola. Superior a mi hermano. Me arrogo el derecho de determinar, a juzgar, no sólo que me ha ofendido y me ha herido sino que además lo ha hecho voluntariamente y, por eso, es culpable. ¿Desde cuándo me han nombrado juez de mi hermano? ¿Desde cuándo sé lo que pasa por su corazón? Eso pertenece a su intimidad y a Dios que seguramente lo verá como un hijo y lo atenderá como tal. Por mi parte, ¿no será mejor que trate de usar con mi hermano un poco de la misericordia que tiene el rey de la parábola o, mejor, de la inmensísima misericordia con que Dios me mira y compadece? Situado en esa perspectiva, es difícil que llegue a tener que ’perdonar’ alguna vez en mi vida a mi hermano.

Para la reflexión

¿Cuántas veces he experimentado en mi corazón el perdón enorme y misericordioso de Dios? ¿Qué ha sido lo que he sentido? Es posible que sepa también del rencor y del deseo de revancha contra mis hermanos. ¿Qué he sentido en esos momentos? ¿Cuándo me he sentido mejor? ¿Al reconciliarme o al mantenerme en el rencor?

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