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’ Tú eres el Mesías, el hijo de Dios vivo ’


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’ Tú eres el Mesías, el hijo de Dios vivo ’

Religión

Junio 29, 2019 06:54 hrs.
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29 De Junio 2019

Solemnidad de san Pedro y san Pablo, Apóstoles

Primera lectura
Hch 3, 1-10
En aquel tiempo, Pedro y Juan subieron al templo para la oración vespertina, a eso de las tres de la tarde. Había allí un hombre lisiado de nacimiento, a quien diariamente llevaban y ponían ante la puerta llamada la "Hermosa", para que pidiera limosna a los que entraban en el templo.

Aquel hombre, al ver a Pedro y a Juan cuando iban a entrar, les pidió limosna. Pedro y Juan fijaron en él los ojos y Pedro le dijo: "Míranos". El hombre se quedó mirándolos en espera de que le dieran algo. Entonces Pedro le dijo: "No tengo ni oro ni plata, pero te voy a dar lo que tengo: En el nombre de Jesucristo nazareno, levántate y camina". Y, tomándolo de la mano, lo incorporó.

Al instante sus pies y sus tobillos adquirieron firmeza. De un salto se puso de pie, empezó a andar y entró con ellos al templo caminando, saltando y alabando a Dios.

Todo el pueblo lo vio caminar y alabar a Dios, y al darse cuenta de que era el mismo que pedía limosna sentado junto a la puerta "Hermosa" del templo, quedaron llenos de miedo y no salían de su asombro por lo que había sucedido.
Palabra de Dios
Te alabamos, Señor

Salmo Responsorial
Salmo 18, 2-3. 4-5
R. (5a) El mensaje del Señor resuena en toda la tierra.
Los cielos proclaman la gloria de Dios
y el firmamento anuncia la obra de sus manos.
Un día comunica su mensaje al otro día
y una noche se lo transmite a la otra noche.
R. El mensaje del Señor resuena en toda la tierra.
Sin que pronuncien una palabra,
sin que resuene su voz,
a toda la tierra llega su sonido
y su mansaje hasta el fin del mundo.
R. El mensaje del Señor resuena en toda la tierra.

Segunda lectura
Gal 1, 11-20
Hermanos: Les hago saber que el Evangelio que he predicado no proviene de los hombres, pues no lo recibí ni lo aprendí de hombre alguno, sino por revelación de Jesucristo.

Ciertamente ustedes han oído hablar de mi conducta anterior en el judaísmo, cuando yo perseguía encarnizadamente a la Iglesia de Dios, tratando de destruirla; deben saber que me distinguía en el judaísmo, entre los jóvenes de mi pueblo y de mi edad, porque los superaba en el celo por las tradiciones paternas.

Pero Dios me había elegido desde el seno de mi madre, y por su gracia me llamó. Un día quiso revelarme a su Hijo, para que yo lo anunciara entre los paganos. Inmediatamente, sin solicitar ningún consejo humano y sin ir siquiera a Jerusalén para ver a los apóstoles anteriores a mí, me trasladé a Arabia y después regresé a Damasco. Al cabo de tres años fui a Jerusalén, para ver a Pedro y estuve con él quince días. No vi a ningún otro de los apóstoles, excepto a Santiago, el pariente del Señor.

Y Dios es testigo de que no miento en lo que les escribo.
Palabra de Dios
Te alabamos, Señor


Aclamación antes del Evangelio
Jn 21, 17
R. Aleluya, aleluya.
Señor, tú lo sabes todo;
tú bien sabes que te quiero.
R. Aleluya.

Evangelio
Jn 21, 15-19
En aquel tiempo, le preguntó Jesús a Simón Pedro: "Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?" Él le contestó: "Sí, Señor, tú sabes que te quiero". Jesús le dijo: "Apacienta mis corderos".

Por segunda vez le preguntó: "Simón, hijo de Juan, ¿me amas?" Él le respondió: "Sí, Señor, tú sabes que te quiero". Jesús le dijo: "Pastorea mis ovejas".

Por tercera vez le preguntó: "Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?" Pedro se entristeció de que Jesús le hubiera preguntado por tercera vez si lo quería, y le contestó: "Señor, tú lo sabes todo; tú bien sabes que te quiero". Jesús le dijo: "Apacienta mis ovejas.

Yo te aseguro: cuando eras joven, tú mismo te ceñías la ropa e ibas a donde querías; pero cuando seas viejo, extenderás los brazos y otro te ceñirá y te llevará a donde no quieras’’. Esto se lo dijo para indicarle con qué género de muerte habría de glorificar a Dios. Después le dijo: "Sígueme".
Palabra del Señor
Gloria a ti, Señor Jesús
Reflexión del Evangelio de hoy
’Tú eres el Mesías, el hijo de Dios vivo’
Celebramos hoy la fiesta de San Pedro y de San Pablo. Dos hombres de temperamento muy distinto pero que tienen varias notas que les iguala. En primer lugar, Jesús a los dos les cambió la vida. Sus vidas se dividen en antes y después de encontrar y conocer a Jesús. Pedro, cuando algunos seguidores de Jesús le abandonan porque consideran que sus palabras son duras, se dirige a Jesús para quedarse con él: ’¿A quién iríamos? Tú solo tienes palabras de vida eterna’. Parecidas palabras pronuncia San Pablo: ’Para mí, la vida es Cristo’. Ambos experimentaron que Jesús era un persona especial, tan especial que además de ser hombre era Dios. Merecía la pena seguirle. Es lo que confiesa San Pedro en el evangelio de hoy. Ante la pregunta de Jesús: ’Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?’. Pedro responde: ’Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo’.

En segundo lugar, desde el encuentro con Jesús, todo en sus vidas tiene relación con Él. Toda su amplia actividad para extender el evangelio, todas sus prisiones, todos sus desvelos, todas sus alegrías, todo… tienen una única fuente: Cristo Jesús. Así lo reconoce Pablo, ante toda su ingente tarea predicadora: ’Todo lo puedo en aquel que me conforta… no he sido yo, sino la gracia de Dios en mí’.

Una tercera nota común: En su fuerte decisión de seguir a Cristo, su único Maestro y Señor, continuaron siendo hombres y los dos experimentaron la debilidad humana. Pedro, en los momentos comprometidos de la pasión, negó a Jesús descaradamente tres veces: ’No conozco a ese hombre’. Pablo, también reconoce que, de vez en cuando, ’aquello que no quiero eso hago’. Pero, en la parte positiva, por encima de sus debilidades, ambos se vieron inundados por el amor de Cristo que les mantuvo en su seguimiento hasta el final.

En el fondo y en la superficie, estos rasgos comunes de Pedro y Pablo son los mismos que los de todo cristiano. Por eso, cualquiera de nosotros les podemos robar sus palabras porque son también las nuestras: ’Tú lo sabes todo, tú sabes que te quiero… Tú solo tienes palabras de vida eterna… Para mí la vida es Cristo… Sé de quién me he fiado’.

En esta fiesta de San Pedro y San Pablo, columnas de la iglesia, conviene recordar que la iglesia, la comunidad de seguidores de Jesús, siempre hombres y no dioses, a pesar de los fallos de sus miembros nunca va a desaparecer. Seguirá hasta el final de los tiempos. Así se lo prometió Jesús a Pedro: ’Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia, y el poder del infierno no la derrotará, no prevalecerá contra ella’.

Fray Manuel Santos Sánchez
Convento de Santo Domingo (Oviedo)

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