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’ Tu eres el Mesías ’



Al hombre le pediré cuentas de la vida de su hermano

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’ Tu eres el Mesías ’

Religión

Febrero 20, 2019 23:41 hrs.
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Jueves 21º De Febrero 2019

La Palabra de Dios

Primera lectura
Gn 9, 1-13
En aquel tiempo, Dios bendijo a Noé y a sus hijos, diciéndoles: "Crezcan y multiplíquense y llenen la tierra. Todos los animales los temerán y los respetarán a ustedes; las aves del cielo, los reptiles de la tierra, los peces del mar están sujetos a ustedes. Todo lo que vive y se mueve les servirá a ustedes de alimento; se lo entrego a ustedes, lo mismo que los vegetales.

Pero no coman carne con sangre, pues en la sangre está la vida. Por eso yo pediré cuentas de la sangre de ustedes, que es su vida; se las pediré a cualquier animal; y al hombre también le pediré cuentas de la vida de su hermano. Si alguien derrama la sangre de un hombre, otro derramará la suya; porque Dios hizo al hombre a su imagen. Ustedes crezcan y multiplíquense, extiéndanse por la tierra y domínenla’’.

También dijo Dios a Noé y a sus hijos: "Ahora establezco una alianza con ustedes y con sus descendientes, con todos los animales que los acompañaron, aves, ganados y fieras, con todos los que salieron del arca, con todo ser viviente sobre la tierra. Ésta es la alianza que establezco con ustedes: No volveré a exterminar la vida con el diluvio, ni habrá otro diluvio que destruya la tierra".

Y añadió: "Ésta es la señal de la alianza perpetua que yo establezco con ustedes y con todo ser viviente que esté con ustedes: pondré mi arco iris en el cielo como señal de mi alianza con la tierra".
Palabra de Dios
Te alabamos, Señor

Salmo Responsorial
Salmo 101, 16-18. 19-21. 29 y 22-23
R. (20b) El Señor ha mirado a la tierra desde el cielo.
Cuando el Señor reedifique a Sión,
y aparezca glorioso,
Cuando oiga el clamor del oprimido
y nos se muestre a sus plegarias sordo,
entonces al Señor temerán todos los pueblos,
y su gloria verán los poderosos.
R. El Señor ha mirado a la tierra desde el cielo.
Esto se escribirá para el futuro
y alabará al Señor el pueblo Nuevo,
porque el Señor, desde su altura santa,
ha mirado a la tierra desde el cielo,
para oír los gemidos del cautivo
y librar de la muerte al prisionero.
R. El Señor ha mirado a la tierra desde el cielo.
Bajo tu protección, Señor,
habitarán los hijos de tus siervos
y se establecerán sus descendientes.
Tu nombre en Sión alabarán por eso,
cuando en Jerusalén, a darte culto,
se reúnan, Señor, todos los pueblos.
R. El Señor ha mirado a la tierra desde el cielo.

Aclamación antes del Evangelio
Cfr Jn 6, 63. 68
R. Aleluya, aleluya.
Tus palabras, Señor, son espíritu y vida.
Tú tienes palabras de vida eterna.
R. Aleluya.

Evangelio
Mc 8, 27-33
En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se dirigieron a los poblados de Cesarea de Filipo.
Por el camino les hizo esta pregunta: "¿Quién dice la gente que soy yo?" Ellos le contestaron: "Algunos dicen que eres Juan el Bautista; otros, que Elías; y otros, que alguno de los profetas".

Entonces él les preguntó: "Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?" Pedro le respondió: "Tú eres el Mesías". Y él les ordenó que no se lo dijeran a nadie.

Luego se puso a explicarles que era necesario que el Hijo del hombre padeciera mucho, que fuera rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, que fuera entregado a la muerte y resucitara al tercer día.

Todo esto lo dijo con entera claridad. Entonces Pedro se lo llevó aparte y trataba de disuadirlo. Jesús se volvió, y mirando a sus discípulos, reprendió a Pedro con estas palabras: "¡Apártate de mí, Satanás! Porque tú no juzgas según Dios, sino según los hombres".
Palabra del Señor
Gloria a ti, Señor Jesús

Reflexión del Evangelio de hoy
AL HOMBRE LE PEDIRÉ CUENTAS DE LA VIDA DE SU HERMANO
Nos encontramos ante el final del diluvio. La tierra ha sido recreada. La abundancia de la vida brota de nuevo. La bondad de Dios vence sobre la perversidad humana. Y un nuevo pacto se desarrolla entre Dios y su pueblo.

En el texto del Génesis se dice que Dios entrega todo al hombre: ’Vosotros creced y multiplicaos, moveos por la tierra y dominadla’. No podemos dar por supuesto que el crecer sea solo en número, o en cantidad. El creced puede llamar a un aprendizaje. El creced puede referirse también a no repetir la historia de perversión y corrupción, o de aniquilación de unos contra otros. El creced, supone mirar al hermano (al prójimo) como imagen y semejanza de Dios. El hermano es sangre de tu sangre.

Dios nos pedirá cuenta de la vida del hermano. No podemos seguir pronunciando con indiferencia la pregunta de Caín ’¿Acaso soy yo el guardián de mi hermano?’ después de haberle dado muerte a Abel. Tampoco podemos vivir en la corrupción. En el capítulo 6 del Génesis dice: ’Al ver el Señor que la maldad del hombre crecía sobre la tierra y que todos sus pensamientos de su corazón tienden siempre y únicamente al mal, el Señor se arrepintió de haber creado al hombre en la tierra y le pesó de corazón’.

Muchas otras preguntas como la de Caín se manifiestan entre nosotros. Hay una, que sobre todo señala la ingratitud y el egoísmo: ’¿Acaso te pedí yo que me trajeras al mundo?’ Muchos padres hoy tienen que escuchar este tipo de preguntas ante la rebeldía de sus hijos adolescentes, y mayores. Y ante la tentación de querer echarles las culpas a Dios hemos de mirar hacia dentro. El mal puede crecer en nuestro interior: son las envidias, los egoísmos, los rencores, los odios y las venganzas entre otros. Pero también crece cuando el respeto a la vida se minimiza y se justifica en forma de derechos que no son tan fundamentales para la persona. No podemos hacer indefensos a nuestros hermanos con nuestros comportamientos injustos.

En otras traducciones de este texto se dice:’Sed fecundos, multiplicaos y llenad la tierra’. Este ’sed fecundos’ implica no hacer de la vida un desierto. No aniquilar la vida. Al contrario, implica que la vida corre por nuestra historia, implica hacer brotar la vida, que la vida tenga cabida en nuestro interior. El multiplicaos es hacerse transmisores de la vida, predicadores de la gracia de Dios y de su alianza con los hombres. Llenad la tierra de la vida, convertirla en un vergel donde la vida se dona, se entrega, haced de la tierra un gran mundo de paz.

El salmo 101 recoge la idea de que el Señor reconstruirá Sión. Mirará las súplicas de los indefensos y no despreciará nuestras súplicas o peticiones. Hemos de vivir confiados en que la presencia de Dios siempre será cercana y atenta a nuestros sufrimientos.

Y vosotros ¿quién decís que sois?
Jesús pregunta por su identidad. No porque esté falta de ella, sino porque quiere saber hasta dónde son conscientes sus discípulos de ella. No es un colega más, no es un amigo más, no es un profeta más.

La primera pregunta es qué piensa la gente de mí. Después de hablarles, de hacerles signos del cielo, ¿quién dice la gente que soy? No hay claridad en la respuesta. Son contestaciones vagas y confusas. Pero Jesús busca una mayor claridad y compromiso.

¿Quién decís vosotros que soy? Es una pregunta que espera claridad y compromiso. No basta una respuesta fácil. La confesión de Pedro no se hizo esperar: Tú eres el Mesías.

Esa es la Identidad que espera Jesús que confesaran los más íntimos de sus seguidores. Tenía que asegurarse de que no hubiera dudas en ellos. Por eso, tras la confesión, les comunica y les comparte lo que va a suceder. Les enseña cómo va a sufrir, a ser juzgado, a morir y a resucitar al tercer día. Pero ellos no van a comprender. Pedro le increpa en la intimidad, pero Jesús le contesta con un espaviento: ¡Apártate de mí Satanás! Alejando de él toda tentación.

A veces no queremos que suceda lo que tiene que pasar, y queremos atar a la gente para que no cumpla con su misión en la vida. Nos olvidamos que las decisiones de nuestros hijos y familiares, amigos y compañeros, irremediablemente tienen que seguir su curso, y nuestra actitud se vuelve resistente a la pérdida, contradictoria, conservadora. Sin comprender que detrás de cada decisión algo muere en nosotros. Con esa actitud, como la de Pedro, sólo impedimos la vida y la libertad no impedimos el destino o la gracia de Dios.

Muchas cosas se quedan hoy en el tintero. Como la pregunta de si hemos entendido bien lo de llenad la tierra o dominarla. Mientras Dios nos invita a la vida, a proteger la tierra y cuidarla, nosotros queremos impedir que la vida suceda, la destruimos, la volvemos un desierto. Oremos para que no seamos impedimento en la vida de nadie para que done su vida por los demás, y seamos responsables y agradecidos con lo que Dios Padre nos ha dado.
Fr. Alexis González de León O.P.
Convento de San Pablo y San Gregorio (Valladolid)

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