’ ¿Quién puede perdonar pecados, sino sólo uno, Dios? ’



’No te rechazan a ti, sino a mí; no me quieren por rey’

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’ ¿Quién puede perdonar pecados, sino sólo uno, Dios? ’

Religión

Enero 16, 2020 22:03 hrs.
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La Palabra de Dios

17 De Enero 2020

Memoria de San Antonio, abad


Primera lectura
1 Sm 8, 4-7. 10-22
En aquellos días se reunieron todos los ancianos de Israel y fueron a Ramá a ver a Samuel y le dijeron: ’Mira, tú ya eres viejo y tus hijos no siguen tus ejemplos. Danos, pues, un rey para que nos gobierne, como sucede en todos los pueblos’.
A Samuel le disgustó que le hubieran pedido un rey que los gobernara. Entonces Samuel invocó al Señor y éste le respondió: ’Dale al pueblo lo que te pide, pues no es a ti a quien rechazan, sino a mí, porque no me quieren por rey’.
Samuel comunicó al pueblo, que le había pedido un rey, las palabras del Señor y dijo: ’Vean cómo los tratará el rey que reine sobre ustedes: tomará a sus hijos y los hará servir en los carros y en la caballería de él y los hará correr delante de su propio carro; a algunos de ellos los pondrá al frente de mil soldados y a otros, de cincuenta; a otros los obligará a labrar y cosechar sus tierras; a otros los hará fabricar armas para la guerra y aparejos para sus carros. Tomará también a las hijas de ustedes como perfumistas, cocineras y reposteras. Les quitará a ustedes sus mejores campos, viñas y olivares, y se los dará a sus ministros. Exigirá el diezmo de lo que produzcan los sembrados y viñas de ustedes y se lo dará a sus ministros y a sus criados. Tomará a los criados y criadas de ustedes, sus mejores bueyes y asnos y los empleará en los trabajos de él. Les exigirá el diezmo de sus rebaños y ustedes mismos se convertirán en sus esclavos. Aquel día clamarán al Señor contra el rey que ustedes mismos elijan, pero el Señor no les responderá’.
El pueblo, sin embargo, se negó a escuchar las advertencias de Samuel y gritó: ’No importa. Queremos tener un rey y ser también nosotros como las demás naciones. Nuestro rey nos gobernará y saldrá al frente de nosotros en nuestros combates’. Samuel oyó las palabras del pueblo y se las repitió al Señor, y el Señor le dijo: ’Hazles caso y que los gobierne un rey’.
Palabra de Dios
Te alabamos, Señor

Salmo Responsorial
Salmo 88, 16-17. 18-19
R. (cf. 2a) Proclamaré sin cesar la misericordia del Señor.
Señor, feliz el pueblo que te alaba
y que a tu luz camina,
que en tu nombre se alegra a todas horas
y al que llena de orgullo tu justicia.
R. Proclamaré sin cesar la misericordia del Señor.
Feliz, porque eres tú su honor y fuerza
y exalta tu favor nuestro poder.
Feliz, porque el Señor es nuestro escudo
y el Santo de Israel nuestro rey.
R. Proclamaré sin cesar la misericordia del Señor.

Aclamación antes del Evangelio
Lc 7, 16
R. Aleluya, aleluya.
Un gran profeta ha surgido entre nosotros.
Dios ha visitado a su pueblo.
R. Aleluya.

Evangelio
Mc 2, 1-12
Cuando Jesús volvió a Cafarnaúm, corrió la voz de que estaba en casa, y muy pronto se aglomeró tanta gente, que ya no había sitio frente a la puerta. Mientras él enseñaba su doctrina, le quisieron presentar a un paralítico, que iban cargando entre cuatro. Pero como no podían acercarse a Jesús por la cantidad de gente, quitaron parte del techo, encima de donde estaba Jesús, y por el agujero bajaron al enfermo en una camilla.
Viendo Jesús la fe de aquellos hombres, le dijo al paralítico: ’Hijo, tus pecados te quedan perdonados’. Algunos escribas que estaban allí sentados comenzaron a pensar: ’¿Por qué habla éste así? Eso es una blasfemia. ¿Quién puede perdonar los pecados sino sólo Dios?’
Conociendo Jesús lo que estaban pensando, les dijo: ’¿Por qué piensan así? ¿Qué es más fácil, decirle al paralítico: ‘Tus pecados te son perdonados’ o decirle: ‘Levántate, recoge tu camilla y vete a tu casa’? Pues para que sepan que el Hijo del hombre tiene poder en la tierra para perdonar los pecados –le dijo al paralítico–: Yo te lo mando: levántate, recoge tu camilla y vete a tu casa’.
El hombre se levantó inmediatamente, recogió su camilla y salió de allí a la vista de todos, que se quedaron atónitos y daban gloria a Dios, diciendo: ’¡Nunca habíamos visto cosa igual!’
Palabra del Señor
Gloria a ti, Señor Jesús

Reflexión del Evangelio de hoy

’No te rechazan a ti, sino a mí; no me quieren por rey’
Esta primera lectura refleja una de las tentaciones contantes de los hombres de cualquier tiempo ante Dios. Nos situamos en el Antiguo Testamento, en la época de Samuel: ver a Dios como un enemigo, como alguien que le roba su libertad y no le deja ser él. Así lo reconoce Dios ante Samuel: ’No te rechazan a ti, sino a mí; no me quieren por rey’. En esa tentación caen los que piensan que Dios, bien a través de los profetas, bien a través de su Hijo Jesús, con sus indicaciones sobre cómo debe ser nuestra conducta, lo que hace es robarnos la libertad. Si nos dice todo lo que debemos de hacer ¿dónde queda nuestra libertad?

Una vez más, hay que aclarar esta situación. Dios no quiere robarnos nuestra libertad, que él mismo nos ha dado. Lo que quiere, porque nos ama, y porque sabe más que nosotros, es señalarnos el verdadero camino que conduce a vivir con gozo y sentido nuestra vida. Sobre todo, a través de su Hijo Jesús trata de convencernos de que libremente aceptemos lo que él nos dice. De que aceptemos vivir el amor, la verdad, la justicia, el perdón, la sencillez… que él nos índica y no sus contrarios, porque es el único camino que conduce a nuestro bien. Todas las sendas contrarias a las de Jesús nunca nos llevan a la felicidad que prometen. A estas alturas de nuestra vida, hemos experimentado que Jesús tiene razón, que no nos roba nuestra libertad, sino que nos indica el verdadero camino de nuestra felicidad.

’¿Quién puede perdonar pecados fuera de Dios?’
Jesús, poco a poco, se fue dando a conocer cuando empezó a predicar su mensaje. Poco a poco, con todo lo que decía y hacía, quería que sus oyentes cayesen en la cuenta de que además de ser hombre era Dios, era el Hijo de Dios.

El evangelio de hoy es una buena prueba de ello. Ya se ha corrido la fama de que cura a los enfermos que acuden a él. Por eso, los amigos de un paralítico se lo acercan a Jesús, evidentemente para que le cure de su dolencia física. Pero Jesús, despistando a los presentes, empieza curando el corazón del enfermo, perdonando sus pecados: ’Hijo, tus pecados quedan perdonados’.

La reacción interna de unos letrados allí presentes es la correcta: ’¿Por qué habla este así? Blasfema. ¿Quién puede perdonar pecados fuera de Dios?’. Dieron en el calvo: Solo Dios puede perdonar nuestros pecados. Si Jesús lo hizo es porque es Dios, es el Hijo de Dios. Y para corroborarlo curó al paralítico: ’levántate, coge tu camilla y vete a tu casa’.

Sigamos acudiendo a Jesús, el Hijo de Dios. Es capaz de curar las enfermedades de nuestro cuerpo y de nuestro interior, de nuestro corazón.

Fray Manuel Santos Sánchez
Convento de Santo Domingo (Oviedo)


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