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’ Os aseguro que no se le dará un signo a esta generación ’


La sangre de tu hermano me está gritando desde la tierra

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’ Os aseguro que no se le dará un signo a esta generación ’

Religión

Febrero 17, 2019 22:23 hrs.
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Lunes 18 De Febrero 2019

La Palabra de Dios

Primera lectura
Gn 4, 1-15. 25
En aquel tiempo, Adán se unió con Eva, su mujer; ella concibió y dio a luz a Caín, pues decía: "Con el favor de Dios he engendrado un hijo". Después de algún tiempo dio a luz al hermano de Caín, Abel. Abel fue pastor de ovejas, y Caín labrador.

Sucedió en una ocasión, que Caín presentó como ofrenda al Señor los productos de la tierra. También Abel le hizo una ofrenda: sacrificó las primeras crías de sus ovejas y quemó su grasa. Al Señor le agradaron las ofrendas de Abel, pero no le agradaron las de Caín; por lo cual, Caín se enfureció y andaba resentido. El Señor le dijo entonces a Caín: "¿Por qué te enfureces tanto y andas resentido? Si hicieras el bien, te sentirías feliz; pero si haces el mal, el pecado estará a tu puerta, acechándote como fiera; pero tú debes dominarlo".

Un día Caín le dijo a su hermano Abel: "Vamos al campo". Y cuando estaban en el campo, Caín se lanzó contra su hermano y lo mató. Entonces el Señor le preguntó a Caín: "¿Dónde está Abel, tu hermano?" Caín le respondió: "No lo sé. ¿Acaso soy yo el guardián de mi hermano?" El Señor le dijo: "¿Qué es lo que has hecho? ¿No oyes cómo la sangre de tu hermano está clamando a mí desde la tierra? Por eso serás maldito y tendrás que vivir lejos de la tierra que recibió de ti la sangre de tu hermano; y aunque cultives la tierra, ella no volverá a darte frutos abundantes. Tú andarás por el mundo errante y fugitivo".

Caín le contestó al Señor: "Mi castigo es demasiado grande para soportarlo. Puesto que tú me arrojas de esta tierra fértil, tendré que ocultarme de ti y andar errante y fugitivo por el mundo, y cualquiera que me encuentre, me matará". El Señor le dijo: "De ninguna manera. El que te mate a ti será castigado siete veces". Y el Señor le puso una señal a Caín para que, si alguien lo encontraba, no lo matara.

Adán se unió otra vez a su mujer, y ella dio a luz un hijo, a quien llamó Set, pues decía: "El Señor me ha dado otro hijo en lugar de Abel, asesinado por Caín".
Palabra de Dios
Te alabamos, Señor

Salmo Responsorial
Salmo 49, 1 y 8. 16bc-17. 20-21
R. (14a) Te ofreceremos, Señor, sacrificios de alabanza.
Habla el Dios de los dioses, el Señor,
y convoca a cuantos viven en la tierra
del oriente al poniente"
"No voy a reclamarte sacrificios,
pues siempre están ante mí tus holocaustos.
R. Te ofreceremos, Señor, sacrificios de alabanza.
¿Por qué citas mis preceptos,
y hablas a toda hora de mi pacto,
tú que detestas la obediencia
y echas en saco roto mis mandatos?
R. Te ofreceremos, Señor, sacrificios de alabanza.
Te pones a insultar a tu hermano,
y deshonras al hijo de tu madre;
Tú haces esto, ¿y yo tengo que callarme?
¿Crees acaso que yo soy como tú?
No, yo te reprenderé y te echaré en cara tus pecados".
R. Te ofreceremos, Señor, sacrificios de alabanza.

Aclamación antes del Evangelio
Jn 14, 6
R. Aleluya, aleluya.
Yo soy el camino, la verdad y la vida;
nadie va al Padre si no es por mí, dice el Señor.
R. Aleluya.

Evangelio
Mc 8, 11-13
En aquel tiempo, se acercaron a Jesús los fariseos y se pusieron a discutir con él, y para ponerlo a prueba, le pedían una señal del cielo. Jesús suspiró profundamente y dijo: "¿Por qué esta gente busca una señal? Les aseguro que a esta gente no se le dará ninguna señal".

Entonces los dejó, se embarcó de nuevo y se fue a la otra orilla.
Palabra del Señor
Gloria a ti, Señor Jesús


Reflexión del Evangelio de hoy
La sangre de tu hermano me está gritando desde la tierra
Los primeros capítulos del Génesis quieren dar respuesta a las grandes preguntas que el ser humano se ha planteado y sigue planteándose sobre la condición humana, icluida también la pregunta de por qué morir. Las respuestas son relatos que tienen un valor no histórico, pero sí alegórico y didáctico. ¿Por qué existen enfrentamientos, a veces brutales, entre hermanos de sangre, cuando es tanto lo que les une? ¿Por qué Dios parece escuchar la oración de unos y no la de otros? La respuesta a la primera pregunta el autor la encaja en el histórico enfrentamiento entre pastores y agricultores. Entre dos maneras distintas de vida: la del apegado a un terreno concreto, delimitado a veces por cercas, y la del que necesita libertad de espacios para que el ganado encuentre pastos. Que deriva en la cultura agrícola, por ejemplo la egipcia y la nómada judía. En el relato del Génesis, el agricultor es el malo y el pastor el bueno. Siendo de cultura judía no podía ser de otra manera. La maldad de Caín hacía hipócritas sus ofrendas rituales, su religiosidad, Dios no las aceptaba. Sí aceptaba las de Abel. Entran en juego entonces algo tan humano como los celos, la envidia, el sentirse inferior, que puede más que los lazos de sangre, y Caín mata a su hermano. La acción fratricida de Caín es inaceptable por Dios. Pero a la vez Dios exige que su vida se mantenga, la vida cualquiera es sagrada. También la del acabó con otra vida humana. Los años que le quedan a Caín serán duros, cargará continuamente con su crimen. Dios quiere su vida y también su pena por lo que ha hecho. Aún no es tiempo de perdón. O al menos no lo era para el autor del relato.

Os aseguro que no se le dará un signo a esta generación
Jesús en su tiempo de oración y reflexión en el desierto a donde el Espíritu le había llevado, había rechazado reducir su misión a realizar signos espectaculares, como tirarse del alto del templo sin consecuencias en su cuerpo o convertir las piedras en pan. Es verdad que encontramos muchas curaciones; pero es frecuente la petición de Jesús a los testigos que no comuniquen lo acontecido. Fue su mandato a quienes le acompañaron en la gloria de la Transfiguración. Cuando el milagro es visto con muchos se dirige a quien se ha beneficiado de él para decirle, ’tu fe te ha curado’. Jesús no vino a realizar números circenses, no quiso fundamentar su predicación en lo espectacular. No vino a deslumbrar sino a iluminar. Su deseo es que quienes le escuchaban y le seguían lo hicieran por la fuerza de la verdad de su palabra, por su modo de vivir, por los sentimientos que le movían; que sí, en no pocas ocasiones, le llevaron a realizar curaciones. Estos eran signos suficientes de que Dios estaba con él y de lo humano de sus sentimientos. ¿Qué necesidad de más deslumbrantes signos, que maravillasen más que instruyesen? Jesús en la discusión con los fariseos no acudía a un juicio de Dios, estilo de la Edad Media, de modo que se produjera algo espectacular que surgía del cielo que avalara su predicación. Quería confianza, fe en él, que se apoyaba en su palabra y en el testimonio de su vida.

Los dominicos recordamos hoy a Fra Angelico, el beato Juan de Fiésole, el que nos dejó en sus obras pictóricas la dulzura, la hondura de los misterios más hondos de nuestra fe, como la Anunciación.
Fray Juan José de León Lastra
Convento de Ntra. Sra. de Atocha (Madrid)

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