’ No es Dios de muertos, sino de vivos ’

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Noviembre 22, 2019 20:09 hrs.

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Sábado 23 De Noviembre 2019

La Palabra de Dios
Primera lectura
1 Mc 6, 1-13
Cuando recorría las regiones altas de Persia, el rey Antíoco se enteró de que había una ciudad llamada Elimaida, famosa por sus riquezas de oro y plata. En su riquísimo templo se guardaban los yelmos de oro, las corazas y las armas dejadas ahí por Alejandro, hijo de Filipo y rey de Macedonia, que fue el primero que reinó sobre los griegos.

Antíoco se dirigió a Elimaida, con intención de apoderarse de la ciudad y de saquearla. Pero no lo consiguió, porque al conocer sus propósitos, los habitantes le opusieron resistencia y tuvo que salir huyendo y marcharse de ahí con gran tristeza, para volverse a Babilonia.

Todavía se hallaba en Persia, cuando llegó un mensajero que le anunció la derrota de las tropas enviadas a la tierra de Judá. Lisias, que había ido al frente de un poderoso ejército, había sido derrotado por los judíos. Estos se habían fortalecido con las armas, las tropas y el botín capturado al enemigo. Además, habían destruido el altar pagano levantado por él sobre el altar de Jerusalén. Habían vuelto a construir una muralla alta en torno al santuario y a la ciudad de Bet-Sur.

Ante tales noticias, el rey se impresionó y se quedó consternado, a tal grado, que cayó en cama, enfermo de tristeza, por no haberle salido las cosas como él había querido. Permaneció ahí muchos días, cada vez más triste y pensando que se iba a morir. Entonces mandó llamar a todos sus amigos y les dijo: "El sueño ha huido de mis ojos y me siento abrumado de preocupación. Y me pregunto: ’¿Por qué estoy tan afligido ahora y tan agobiado por la tristeza, si me sentía tan feliz y amado, cuando era poderoso? Pero ahora me doy cuenta del daño que hice en Jerusalén, cuando me llevé los objetos de oro y plata que en ella había, y mandé exterminar sin motivo a los habitantes de Judea. Reconozco que por esta causa me han sobrevenido estas desgracias y que muero en tierra extraña, lleno de tristeza’ ".
Palabra de Dios
Te alabamos, Señor
Salmo Responsorial
Salmo 9, 2-3. 4 y 6. 16b y 19
R. (cf 16a) Cantemos al Señor, nuestro salvador.
Te doy gracias, Señor, de todo corazón,
y proclamaré todas tus maravillas;
me alegro y me regocijo contigo
y toco en tu honor, Altísimo.
R. Cantemos al Señor, nuestro salvador.
Porque mis enemigos retrocedieron,
cayeron y perecieron ante ti.
Reprendiste a los pueblos, destruiste al malvado
y borraste para siempre su recuerdo.
R. Cantemos al Señor, nuestro salvador.
Los pueblos se han hundido en la tumba que hicieron,
su pie quedó atrapado en la red que escondieron.
Tú, Señor, jamás olvidas al pobre
y la esperanza del humilde jamás perecerá.
R. Cantemos al Señor, nuestro salvador.

Aclamación antes del Evangelio
Cfr 2 Tim 1, 10
R. Aleluya, aleluya.
Jesucristo, nuestro salvador, ha vencido la muerte
y ha hecho resplandecer la vida por medio del Evangelio.
R. Aleluya.

Evangelio
Lc 20, 27-40
En aquel tiempo, se acercaron a Jesús algunos saduceos. Como los saduceos niegan la resurrección de los muertos, le preguntaron: "Maestro, Moisés nos dejó escrito que si alguno tiene un hermano casado que muere sin haber tenido hijos, se case con la viuda para dar descendencia a su hermano. Hubo una vez siete hermanos, el mayor de los cuales se casó y murió sin dejar hijos. El segundo, el tercero y los demás, hasta el séptimo, tomaron por esposa a la viuda y todos murieron sin dejar sucesión. Por fin murió también la viuda. Ahora bien, cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos será esposa la mujer, pues los siete estuvieron casados con ella?"

Jesús les dijo: "En esta vida, hombres y mujeres se casan, pero en la vida futura, los que sean juzgados dignos de ella y de la resurrección de los muertos, no se casarán ni podrán ya morir, porque serán como los ángeles e hijos de Dios, pues él los habrá resucitado.

Y que los muertos resucitan, el mismo Moisés lo indica en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor, Dios de Abraham, Dios de Isaac, Dios de Jacob. Porque Dios no es Dios de muertos, sino de vivos, pues para él todos viven’’.

Entonces, unos escribas le dijeron: "Maestro, has hablado bien". Y a partir de ese momento ya no se atrevieron a preguntarle nada.
Palabra del Señor
Gloria a ti, Señor Jesús

Reflexión del Evangelio de hoy
La muerte de Antíoco IV
Esta lectura nos habla principalmente de la muerte del rey Antíoco IV, que hizo bastantes campañas donde salió victorioso. Quiso también apoderarse de la ciudad llamada Elimaida ’famosa por su riqueza en plata y oro, con un templo lleno de tesoros. Pero fracasó en su intento y fue vencido por los judíos.

El autor de este libro de los Macabeos llena de contenido teológico la derrota y muerte de Antíoco IV. ’¡A qué tribulación he llegado, en qué violento oleaje estoy metido, yo, que era feliz y querido cuando era poderoso! Pero ahora me viene a la memoria el daño que hice en Jerusalén, robando todo el ajuar de plata y oro que había allí, y enviando gente que exterminase a los habitante de Judea, sin motivo. Reconozco que por eso han venido estas desgracias. Ya veis, muero de tristeza en tierra extranjera’. Vemos cómo él mismo ha explicado la causa de su muerte.

No es Dios de muertos, sino de vivos
La verdad es que en el evangelio vemos, principalmente a las autoridades religiosas de los judíos, poner diversas trampas a Jesús para cazarle en algún renuncio y desprestigiarle. Pero Jesús siempre salió airoso de esas trampas.

Hoy son los saduceos los que con el relato de la mujer que se ha casado con los siete hermanos, después de la muerte de cada uno de ellos, le preguntan de quién será la mujer cuando llegue la resurrección, creen tener seguro un argumento para rechazar la resurrección.

Pero Jesús les desmonta su razonamiento aludiendo a que ’los que sean juzgados dignos de la vida futura y de la resurrección de entre los muertos, no se casarán’. Invoca también a Moisés en el episodio de la zarza cuando ’llama al Señor: Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob. No es Dios de muertos, sino de vivos, porque para él todos están vivos’.

Con estos argumentos le bastó a Jesús para responder a los saduceos. Bien sabemos que en otros muchos pasajes del evangelio Jesús defiende con fuerza su resurrección y la de todos sus seguidores. ’Yo soy la resurrección y la vida el que me sigue aunque muera vivirá para siempre’.
Fray Manuel Santos Sánchez
Convento de Santo Domingo (Oviedo)

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