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’ La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros ’



Estáis ungidos por el Santo

’ La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros ’

Diciembre 30, 2018 23:39 hrs.
Religión Internacional › México
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Lunes 31º de diciembre 2018

Séptimo día dentro de la octava de Navidad

La Palabra de Dios

Primera lectura
1 Jn 2, 18-21
Hijos míos: Ésta es la última hora. Han oído ustedes que iba a venir el anticristo; pues bien, muchos anticristos han aparecido ya, por lo cual nos damos cuenta de que es la última hora.

De entre ustedes salieron, pero no eran de los nuestros; pues si hubieran sido de los nuestros, habrían permanecido con nosotros. Pero sucedió así para que se pusiera de manifiesto que ninguno de ellos es de los nuestros.

Por lo que a ustedes toca, han recibido la unción del Espíritu Santo y tienen así el verdadero conocimiento. Les he escrito, no porque ignoren la verdad, sino porque la conocen y porque ninguna mentira viene de la verdad.

Salmo Responsorial
Sal 95, 1-2. 11-12. 13
R.(11a) Alégrense los cielos y la tierra.
Cantemos al Señor un nuevo canto,
que le cante al Señor toda la tierra;
cantemos al Señor y bendigámoslo,
proclamos su amor día tras día.
R. Alégrense los cielos y la tierra.
Alégrense los cielos y la tierra,
retumbe el mar y el mundo submarino.
Salten de gozo el campo y cuanto encierra,
manifiesten los bosques regocijo.
R. Alégrense los cielos y la tierra.
Regocíjese todo ante el Señor,
porque ya viene a gobernar el orbe.
Justicia y rectitud serán las normas
con las que rija a todas las naciones.
R. Alégrense los cielos y la tierra.

Aclamación antes del Evangelio

R. Aleluya, aleluya.
Aquel que es la Palabra se hizo hombre
y habitó entre nosotros.
A todos los que lo recibieron
les concedió poder llegar a ser hijos de Dios.
R. Aleluya.

Evangelio
Jn 1, 1-18
En el principio ya existía aquel que es la Palabra,
y aquel que es la Palabra estaba con Dios y era Dios.
Ya en el principio él estaba con Dios.
Todas las cosas vinieron a la existencia por él
y sin él nada empezó de cuanto existe.
Él era la vida, y la vida era la luz de los hombres.
La luz brilla en las tinieblas
y las tinieblas no la recibieron.

Hubo un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan.
Éste vino como testigo, para dar testimonio de la luz,
para que todos creyeran por medio de él.
Él no era la luz, sino testigo de la luz.

Aquel que es la Palabra era la luz verdadera,
que ilumina a todo hombre que viene a este mundo.
En el mundo estaba;
el mundo había sido hecho por él
y, sin embargo, el mundo no lo conoció.

Vino a los suyos y los suyos no lo recibieron;
pero a todos los que lo recibieron
les concedió poder llegar a ser hijos de Dios,
a los que creen en su nombre,
los cuales no nacieron de la sangre,
ni del deseo de la carne, ni por voluntad del hombre,
sino que nacieron de Dios.

Y aquel que es la Palabra se hizo hombre
y habitó entre nosotros.
Hemos visto su gloria,
gloria que le corresponde como a Unigénito del Padre,
lleno de gracia y de verdad.

Juan el Bautista dio testimonio de él, clamando:
"A éste me refería cuando dije:
’El que viene después de mí, tiene precedencia sobre mí,
porque ya existía antes que yo’ ".

De su plenitud hemos recibido todos gracia sobre gracia.
Porque la ley fue dada por medio de Moisés,
mientras que la gracia y la verdad vinieron por Jesucristo.
A Dios nadie lo ha visto jamás.
El Hijo unigénito, que está en el seno del Padre,
es quien lo ha revelado.

Reflexión del Evangelio de hoy
Estáis ungidos por el Santo
El anticristo para el autor de la carta es el negador de Cristo Jesús. Puede que en aquella comunidad creyente se hiciera presente la negación de lo que Cristo nos había dado de Dios: el fecundo y salvador encuentro del Creador con la humanidad. Por eso quizá, el autor del texto dice que estamos en los tiempos últimos, sin necesidad de echar mano de mensajes apocalípticos ni finalistas.

Tras de estas letras, tenemos una comunidad que entiende que vivir es luchar, que los anticristos no son solo una desviación doctrinal, sino un modo de vivir. Por eso, en parte todos somos anticristos cuando no apostamos en firme por la verdad y el amor. Cristo ha venido, pero la historia continua y, por lo tanto, la lucha también. La búsqueda de la verdad no admite descanso porque nos demanda en cada instante un esfuerzo de madurez y coherencia. Por eso el vivir cristiano es un esforzado caminar que se hace posible gracias a la fuerza del corazón y al impulso bautismal.

La Palabra se hizo carne
El prólogo del evangelio de san Juan se nos ofrece en varias ocasiones en el tiempo litúrgico de la Navidad. De su hondura y densidad teológicas es bueno destacar algunos destellos de luz. Jesús de Nazaret personifica el proyecto creador de Dios que inaugura una nueva era en la Historia. Jesús, la Palabra, se hizo carne, si bien el pueblo de Israel no lo reconoció como tal, hasta el punto de que lo llevó a la cruz; Jesús resucitado venció a la muerte como luz que no solo ahuyenta la oscuridad sino que da vida para siempre a toda la humanidad.

A diferencia del mensaje del Viejo Testamento, Dios ya no habita en el Templo, sino que, se domicilia en la vida y en los anhelos de toda la humanidad. Porque los que así lo admiten se tornan en hijos de Dios y testigos de su gracia y verdad, que es lo mismo que decir que Dios se derrama en misericordia fiel con todos sus hijos. En resumen, la Palabra de Dios entra en nuestra historia asumiendo nuestra frágil y mortal condición en la persona de Jesús de Nazaret.



Te damos gracias
por el año de vida que nos diste
y por el año de historia que has hecho con nosotros.
Te encomendamos
a los que no acabaron el año en nuestra casa
porque los has llamado a tu casa paterna.
(José Luis Blanco Vega)
Fr. Jesús Duque O.P.
Convento de Santo Domingo de Scala-Coeli (Córdoba)

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