’ Id y proclamad ’

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Julio 09, 2019 23:46 hrs.

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Miércoles 10 De Julio 2019

Primera lectura

Gn 41, 55-57; 42, 5-7. 17-24
En aquellos días, en todo el país de Egipto hubo hambre, y el pueblo clamó al faraón, pidiéndole pan. El faraón le respondió al pueblo: ’Vayan a José y hagan lo que él les diga’. Entonces José mandó abrir todas las bodegas y abasteció de víveres a los egipcios. Y como el hambre se extendiera por toda la tierra, de todos los países iban a Egipto para comprar víveres a José y remediar la carestía.

Los hijos de Jacob, junto con otros, fueron también a Egipto a comprar víveres, pues había hambre en el país de Canaán. José gobernaba en todo Egipto y los víveres se distribuían a todo el mundo, según sus indicaciones. Llegaron los hermanos de José y se postraron en su presencia. Al verlos, José los reconoció, y sin embargo, como a desconocidos, les preguntó con severidad: ’¿De dónde vienen?’ Ellos respondieron: ’Venimos de Canaán a comprar provisiones’. José los acusó de ser espías y durante tres días los metió en la cárcel.

Al tercer día José los mandó sacar y les dijo: ’Yo también temo a Dios. Si hacen lo que les voy a decir, salvarán su vida. Si son gente de bien, uno de ustedes se quedará detenido en la prisión, mientras los demás van a llevar a sus casas las provisiones que han comprado. Luego me traen a su hermano menor, para que pueda yo comprobar si me han dicho la verdad. Así no morirán’.

Ellos estuvieron de acuerdo y se decían los unos a los otros: ’Con razón estamos sufriendo ahora, porque pecamos contra nuestro hermano José, cuya angustia veíamos, cuando nos pedía que tuviéramos compasión de él, y no le hicimos caso. Por eso ha caído sobre nosotros esta desgracia’. Rubén añadió: ’¿No les decía yo que no le hiciéramos daño al niño y no me hicieron caso? Ahora nos están pidiendo cuentas de su vida’.

Como estaban hablando por medio de un intérprete, ellos ignoraban que José les entendía. Entonces José se alejó de ellos y rompió a llorar.
Palabra de Dios
Te alabamos, Señor

Salmo Responsorial
Salmo 32, 2-3. 10-11. 18-19
R. (22) Muéstranos, Señor, tu misericordia.
Demos gracias a Dios al son del arpa,
que la lira acompañe nuestros cantos;
cantemos en su honor nuevos cantares,
al compás de instrumentos alabémoslo.
R. Muéstranos, Señor, tu misericordia.
Frustra el Señor los planes de los pueblos
y hace que se malogren sus designios.
Los proyectos de Dios duran por siempre;
los planos de su amor, todos los siglos.
R. Muéstranos, Señor, tu misericordia.
Cuida el Señor de aquellos que lo temen
y en su bondad confían;
los salva de la muerte
y en épocas de hambre les da vida.
R. Muéstranos, Señor, tu misericordia.


Aclamación antes del Evangelio
Mc 1, 15
R. Aleluya, aleluya.
El Reino de Dios está cerca, dice el Señor;
arrepiéntanse y crean en el Evangelio.
R. Aleluya.

Evangelio
Mt 10, 1-7
En aquel tiempo, llamando Jesús a sus doce discípulos, les dio poder para expulsar a los espíritus impuros y curar toda clase de enfermedades y dolencias.

Estos son los nombres de los doce apóstoles: el primero de todos, Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés; Santiago y su hermano Juan, hijos del Zebedeo; Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo, el publicano; Santiago, hijo de Alfeo, y Tadeo; Simón, el cananeo, y Judas Iscariote, que fue el traidor.

A estos doce los envió Jesús con estas instrucciones: ’No vayan a tierra de paganos, ni entren en ciudades de samaritanos. Vayan más bien en busca de las ovejas perdidas de la casa de Israel. Vayan y proclamen por el camino que ya se acerca el Reino de los cielos’.
Palabra del Señor
Gloria a ti, Señor Jesús

Reflexión del Evangelio de hoy
Dirigíos a José y haced lo que él os diga
La última parte del libro del Génesis contiene la historia de José. Se trata de un relato muy conocido por todos que despierta las simpatías hacia este joven soñador, amado por su padre, y envidiado por este motivo por sus hermanos. La lectura de hoy aparece fragmentada y recoge una idea central: el encuentro y reconocimiento de José con sus hermanos, después del tiempo transcurrido. En el pasado Jacob había enviado a su hijo José a ver a sus hermanos, lo que desencadeno la decisión de venderlo como esclavo, ahora son los hermanos los enviados a José, y a quién clamaran clemencia.

El motivo del encuentro entre hermanos es el hambre que asolaba todas las regiones. El narrador nos dice que en Egipto era José el que abría los graneros y distribuía el grano: ’José mandaba en el país y distribuía las raciones a todo el mundo’. Empujados por Jacob, diez de sus hijos se encaminan a Egipto en busca de grano. Se dirigen a José, pero no le reconocen, ni él se da a conocer. José prefiere esperar, ver si sus hermanos han cambiado, en qué clase de personas se han convertido y por ello va a someterles a una serie de pruebas. Después de permanecer tres días encarcelados, José los pone en libertad con una condición, uno de ellos permanecerá en Egipto, hasta que todos regresen con el hermano menor, Benjamín que se había quedado con su padre Jacob. Esta decisión de José no entraña otra pretensión que salvar a su familia. La petición de regresar con el hermano pequeño es asegurar la vuelta de todo el clan a Egipto ante la situación de hambruna que padecen. Egipto representaba la salvación. Rubén parece encontrar sentido a lo que está ocurriendo: ’Estamos pagando el delito contra nuestro hermano, cuando le veíamos suplicarnos angustiado y no le hicimos caso; por eso nos sucede esta desgracia’. José escucha el reconocimiento de culpa de sus hermanos, y llora. A pesar de que ellos le abandonaron, lo vendieron, incluso desearon su muerte, José siente misericordia de ellos. Él tiene una misión encomendada por Dios, el reconocimiento por parte de sus hermanos del delito cometido, su arrepentimiento hará comprender a José su sentido en Egipto. Ha sido llamado por Dios para salvar a sus hermanos. ¿Somos capaces de reconocer nuestra misión, lo que Dios quiere de nosotros en medio del sufrimiento, el dolor, la envidia de los otros?

Id a las ovejas descarriadas de Israel
Todo el capítulo 10 del evangelio de Mateo contiene el segundo gran discurso de su narración, conocido como el discurso misionero (Mt 10, 5b-15). El primer evangelio presenta a Jesús caminando de un lugar a otro poniendo el acento en su labor evangelizadora. Tres son las acciones que realiza el Señor a lo largo de su ministerio público. Él aparece: enseñando, proclamando y curando; acciones que más tarde tendrán que realizar sus discípulos.

El hecho de que Jesús elija a doce discípulos para la misión evangelizadora nos indica que el Maestro tenía en su mente un programa particular. Los Doce enviados representan a las doce tribus de Israel (Mt19,28; Lc 22,39s) y a la comunidad escatológica del Señor. En tiempos de Jesús existía la idea arraigada de que solo quedaban dos tribus y media, a saber, Judá, Benjamín y la mitad de la tribu de Leví. Las nueve y media tribus restantes se consideraban desaparecidas desde la conquista del Reino del norte en el 722 a.C., y solo en el tiempo de la salvación, las haría Dios regresar, restaurando así el pueblo con las doce tribus.

El número doce de los discípulos de Jesús no significa que la salvación vaya a quedar limitada, de manera particular al pueblo judío, sino, al contrario, anuncia la instauración del pueblo escatológico de Dios, hacia el cuál habrán de afluir también los gentiles.

Lo que queda claro en las instrucciones dadas a los discípulos, es que la misión no es una iniciativa personal de ellos, sino que responde al mandato de Jesús. Jesús los envía dándoles poder ’sobre los espíritus inmundos’ y haciéndoles partícipes de su propia misión.

El inicio del discurso, que no tiene paralelo en los otros dos sinópticos, es una indicación acerca del cuál ha de ser el campo de misión de los enviados. ’No toméis camino de gentiles ni entréis en ciudad de samaritanos; dirigíos más bien a las ovejas perdidas de la casa de Israel’. Con estas palabras se orienta a los Doce acerca del lugar donde deben misionar: se prohíbe ir a tierra de paganos y se les envía directamente a Israel. La imagen de las ovejas pérdidas para hablar de Israel tiene fuerte resonancias veterotestamentarias. En el libro de Ezequiel, en la profecía contra los pastores (Ez 34,1-31), el pueblo es descrito como ’un rebaño que anda errante’ (Ez 34,6), perdido, como el Israel en el que vive Jesús. La necesidad de Pastor que guíe e ilumine apremia, no solo al pueblo judío, sino a tantas personas en nuestro mundo actual que caminan dispersas, sin rumbo, esperando que alguien le salga al encuentro y las invite a entrar en ese Reino de los Cielos, que ya está cerca. ¿Nos sentimos enviados a evangelizar a tantas personas ’perdidas’ en nuestro mundo? ¿Estamos dispuestos/as a ser esa ’Iglesia en salida’ a la que el Papa Francisco nos invita?

Hna. Carmen Román Martínez O.P.
Congregación de Santo Domingo

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