’ Ha echado todo lo que tenía para vivir ’

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Noviembre 24, 2019 22:19 hrs.

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La Palabra de Dios


Lunes 25 de noviembre 2019

Primera lectura
Dn 1, 1-6. 8-20
El año tercero del reinado de Joaquín, rey de Judá, vino a Jerusalén Nabucodonosor, rey de Babilonia, y la sitió. El Señor entregó en sus manos a Joaquín, rey de Judá, así como parte de los objetos del templo, que él se llevó al país de Senaar y los guardó en el tesoro de sus dioses.

El rey mandó a Aspenaz, jefe de sus oficiales, que seleccionara de entre los israelitas de sangre real y de la nobleza, algunos jóvenes, sin defectos físicos, de buena apariencia, sobrios, cultos e inteligentes y aptos para servir en la corte del rey, con el fin de enseñarles la lengua y la literatura de los caldeos.

El rey les asignó una ración diaria de alimentos y de vino de su propia mesa. Deberían ser educados durante tres años y después entrarían al servicio del rey. Entre ellos se encontraban Daniel, Ananías, Misael y Azarías, que eran de la tribu de Judá.

Daniel hizo el propósito de no contaminarse compartiendo los alimentos y el vino de la mesa del rey, y le suplicó al jefe de los oficiales que no lo obligara a contaminarse. Dios le concedió a Daniel hallar favor y gracia ante el jefe de los oficiales. Sin embargo, éste le dijo a Daniel: "Le tengo miedo al rey, mi señor, porque él les ha asignado a ustedes su comida y su bebida, y si llega a verlos más delgados que a los demás, estará en peligro mi vida".

Daniel le dijo entonces a Malasar, a quien el jefe de los oficiales había confiado el cuidado de Daniel, Ananías, Misael y Azarías: "Por favor, haz la prueba con tus siervos durante diez días; que nos den de comer legumbres, y de beber, agua; entonces podrás comparar nuestro aspecto con el de los jóvenes que comen de la mesa del rey y podrás tratarnos según el resultado".

Aceptó él la propuesta e hizo la prueba durante diez días. Al cabo de ellos, los jóvenes judíos tenían mejor aspecto y estaban más robustos que todos los que comían de la mesa del rey. Desde entonces Malasar les suprimió la ración de comida y de vino, y les dio sólo legumbres.

A estos cuatro jóvenes les concedió Dios sabiduría e inteligencia en toda clase de ciencia. A Daniel, además, el don de interpretar visiones y sueños.

Al cabo del tiempo establecido, el jefe de los oficiales llevó a todos los jóvenes ante Nabucodonosor y se los presentó. El rey conversó con ellos y entre todos no encontró a nadie como Daniel, Ananías, Misael y Azarías. Quedaron entonces al servicio del rey. Y en todas las cosas de sabiduría, inteligencia y experiencia que el rey les propuso, los encontró diez veces superiores a todos los magos y adivinos de su reino.
Palabra de Dios
Te alabamos, Señor Jesús

Salmo Responsorial
Daniel 3, 52. 53. 54. 55. 56
R. (52b) Bendito seas, Señor, para siempre.
Bendito seas, Señor, Dios de nuestros padres.
Que tu nombre santo y glorioso sea bendito.
R. Bendito seas, Señor, para siempre.
Bendito seas en el templo santo y glorioso.
Que en el trono de tu reino sea bendito.
R. Bendito seas, Señor, para siempre.
Bendito eres tú, Señor,
Que penetras con tu morada los abismos
y te sientas en tu trono rodeado de querubines.
Bendito seas, Señor, en la bóveda del cielo.
R. Bendito seas, Señor, para siempre.

Aclamación antes del Evangelio
Mt 24, 42. 44
R. Aleluya, aleluya.
Estén preparados, porque no saben
a qué hora va a venir el Hijo del hombre.
R. Aleluya.

Evangelio
Lc 21, 1-4
En aquel tiempo, levantando los ojos, Jesús vio a unos ricos que echaban sus donativos en las alcancías del templo. Vio también a una viuda pobre, que echaba allí dos moneditas, y dijo: "Yo les aseguro que esa pobre viuda ha dado más que todos. Porque éstos dan a Dios de lo que les sobra; pero ella, en su pobreza, ha dado todo lo que tenía para vivir".
Te alabamos Señor
Gloria a ti, Señor Jesús

Reflexión del Evangelio de hoy
Las lecturas de este día nos recuerdan dos temas que vienen a animarnos en el camino de nuestra vida cristiana. El Libro de Daniel nos habla de tiempos difíciles para el pueblo de Israel. Tal como se nos dice, el rey Nabucodonosor se ha hecho dueño de todo. Se ha apropiado de cuanto ha podido, empezando por su rey Joaquín, e intenta paganizar a aquel pueblo imponiendo sus dioses. Ante esta situación la lectura nos habla de tres jóvenes dirigidos por Daniel. A los cuatro Dios les ha concedido ’un conocimiento profundo de la sabiduría’. Es decir, una sabiduría para poder dirigir bien su vida de fe en Dios.

¿Qué conclusión podemos extraer de esta lectura? La fortaleza de estos cuatro jóvenes para mantener su fidelidad en medio de una situación arriesgada. Como los siete jóvenes Macabeos, ellos quieren mantenerse fieles a la ley. Más allá del riesgo que corren, saben que la ley está por encima de todo y guardarla es un signo de su resistencia ante lo que el rey invasor propone.

Los tiempos que vivimos nos pueden ayudar a purificar nuestra fidelidad a Dios. También mucho de lo que nos rodea quiere absorber nuestros principios y sobre ellos introducir un modo de vivir ajeno al cristianismo. La fidelidad adquiere su grandeza cuando, en medio de las dificultades, nuestra fe se mantiene incólume. Son tiempos arduos, donde se nos pide fortaleza para no sucumbir ante quienes, de múltiples formas, nos invitan a desdecirnos de nuestra condición de seguidores de Jesús.

Aprender a ’mirar’ como ’mira’ Dios
Jesús, en el pasaje del evangelio, nos invita a considerar lo que damos y cómo lo damos, a Dios y a los demás.

Seguramente que todos nos habríamos fijado en los importantes del momento, que se acercaban a echar, ostentosamente, su aportación al mantenimiento del templo. La pobre viuda habría pasado desapercibida, como alguien sin importancia que huye de los focos de atención. Y, sin embargo, a Jesús no le pasa desapercibida y saca una observación que traslada al público. Esa pobre viuda ha dado todo lo que tenía. Ante los ricos que daban lo que les sobraba, la viuda entrega lo que necesita. He ahí su grandeza. Esa donación es un signo de amor.

¿Qué valora Jesús en esa escena? La generosidad de la viuda pobre y su desprendimiento. Jesús la presenta como modelo. Lo que los otros echan no tiene valor; dan de lo que les sobra. Ella de lo que necesita. San Agustín nos recuerda que ’ella echó todo lo que poseía. Mucho tenía, pues tenía a Dios en su corazón. Es más tener a Dios en el alma que oro en el arca’. Lo importante no es la cantidad, sino el amor con que lo damos. No infrecuentemente, esa ofrenda llamativa de los ricos, no es otra cosa que el resultado del sometimiento de otros, de los cuales ellos se lucran. Por eso, tiene tan poco valor.

Podemos preguntarnos: ¿Qué damos a Dios y a los demás? ¿Hasta qué punto el amor nos lleva a sobrepasar lo que nuestros intereses reclaman? ¿Cómo lo damos?

Alguien dijo: Hacedlo todo por Amor. Así no hay cosas pequeñas: todo es grande. Dios valora las dispo­siciones interiores de la persona, no lo que da. Eso es lo que aprecia Dios; algo bien diferente de lo que habitualmente apreciamos los hombres.

Una vez más, se nos pide, ser capaces de cambiar nuestro modo de ’mirar’, para ir asemejándonos al ’mirar’ de Jesús. Él supo ver lo que había en el corazón de la pobre viuda. Y en ese corazón vio humildad, desprendimiento; en definitiva, amor a Dios, aunque no entendiera mucho de las Sagradas Escrituras. Y eso era lo importante.

Que tengamos un buen día, con el corazón dispuesto a mirar como Dios mira.

Fray Salustiano Mateos Gómara
Convento de San Pablo y San Gregorio (Valladolid)


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