’ El Señor ama a los justos ’

1

Septiembre 28, 2019 19:42 hrs.

Agencia de noticias Plata Pura › guerrerohabla.com

Religión Internacional › México


Domingo 29 De Septiembre 2019

La Palabra de Dios


Primera lectura
Am 6, 1. 4-7
Esto dice el Señor todopoderoso:
"¡Ay de ustedes, los que se sienten seguros en Sión
y los que ponen su confianza
en el monte sagrado de Samaria!
Se reclinan sobre divanes adornados con marfil,
se recuestan sobre almohadones
para comer los corderos del rebaño y las terneras en engorda.
Canturrean al son del arpa,
creyendo cantar como David.
Se atiborran de vino,
se ponen los perfumes más costosos,
pero no se preocupan por las desgracias de sus hermanos.

Por eso irán al destierro a la cabeza de los cautivos
y se acabará la orgía de los disolutos".
Palabra de Dios
Te alabamos, Señor


Salmo Responsorial
Salmo 145, 7. 8-9a. 9bc-10
R. (1b) Alabemos al Señor, que viene a salvarnos.
El Señor siempre es fiel a su palabra,
y es quien hace justicia al oprimido;
él proporciona pan a los hambrientos
y libera al cautivo.
R. Alabemos al Señor, que viene a salvarnos.
Abre el Señor los ojos de los ciegos
y alivia al agobiado.
Ama el Señor al hombre justo
y toma al forastero a su cuidado.
R. Alabemos al Señor, que viene a salvarnos.
A la viuda y al huérfano sustenta
y trastorna los planes del inicuo.
Reina el Señor eternamente,
reina tu Dios, oh Sión, reina por siglos.
R. Alabemos al Señor, que viene a salvarnos.

Segunda lectura
1 Tm 6, 11-16
Hermano: Tú, como hombre de Dios, lleva una vida de rectitud, piedad, fe, amor, paciencia y mansedumbre. Lucha en el noble combate de la fe, conquista la vida eterna a la que has sido llamado y de la que hiciste tan admirable profesión ante numerosos testigos.

Ahora, en presencia de Dios, que da vida a todas las cosas, y de Cristo Jesús, que dio tan admirable testimonio ante Poncio Pilato, te ordeno que cumplas fiel e irreprochablemente, todo lo mandado, hasta la venida de nuestro Señor Jesucristo, la cual dará a conocer a su debido tiempo Dios, el bienaventurado y único soberano, rey de los reyes y Señor de los señores, el único que posee la inmortalidad, el que habita en una luz inaccesible y a quien ningún hombre ha visto ni puede ver. A él todo honor y poder para siempre.
Palabra de Dios
Te alabamos, Señor


Aclamación antes del Evangelio
2 Cor 8, 9
R. Aleluya, aleluya.
Jesucristo, siendo rico, se hizo pobre,
para enriquecernos con su pobreza.
R. Aleluya.

Evangelio
Lc 16, 19-31
En aquel tiempo, Jesús dijo a los fariseos: "Había un hombre rico, que se vestía de púrpura y telas finas y banqueteaba espléndidamente cada día. Y un mendigo, llamado Lázaro, yacía a la entrada de su casa, cubierto de llagas y ansiando llenarse con las sobras que caían de la mesa del rico. Y hasta los perros se acercaban a lamerle las llagas.

Sucedió, pues, que murió el mendigo y los ángeles lo llevaron al seno de Abraham. Murió también el rico y lo enterraron. Estaba éste en el lugar de castigo, en medio de tormentos, cuando levantó los ojos y vio a lo lejos a Abraham y a Lázaro junto a él.

Entonces gritó: ’Padre Abraham, ten piedad de mí. Manda a Lázaro que moje en agua la punta de su dedo y me refresque la lengua, porque me torturan estas llamas’. Pero Abraham le contestó: ’Hijo, recuerda que en tu vida recibiste bienes y Lázaro, en cambio, males. Por eso él goza ahora de consuelo, mientras que tú sufres tormentos. Además, entre ustedes y nosotros se abre un abismo inmenso, que nadie puede cruzar, ni hacia allá ni hacia acá’.

El rico insistió: ’Te ruego, entonces, padre Abraham, que mandes a Lázaro a mi casa, pues me quedan allá cinco hermanos, para que les advierta y no acaben también ellos en este lugar de tormentos’. Abraham le dijo: ’Tienen a Moisés y a los profetas; que los escuchen’. Pero el rico replicó: ’No, padre Abraham. Si un muerto va a decírselo, entonces sí se arrepentirán’. Abraham repuso: ’Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso, ni aunque resucite un muerto’".
Palabra del Señor
Gloria a ti, Señor Jesús

Introducción
Quizás por demasiado tiempo, en la Iglesia, se nos han recordado más los pecados personales que los sociales, y de aquellos, mucho más los que tenían que ver con la ’carne’, olvidando los males que afectan a nuestro entorno y a quienes nos rodean, aquellos comportamientos que tienen que ver, por ejemplo, con el bolsillo o la vida social, en general. De eso es muy responsable el ministerio ordenado pero también lo somos las personas creyentes, mayores de edad, que hemos vivido nuestra vida de fe muchas veces a una gran distancia de nuestras relaciones interpersonales y sociales.

La liturgia de este domingo puede ser una herramienta que nos ayude a agrandar un poco nuestra mirada y a hacer una reflexión un poco más amplia de cómo nos comportamos en la vida cotidiana. Otro elemento que deberíamos tener en cuenta, sin dilación, es la Doctrina Social de la Iglesia, ’tan doctrina’ como el resto y que, sin embargo, hemos dejado de lado con tanta facilidad. Con razón algunos la llaman ’la gran olvidada’.

El papa Francisco ha hecho reverdecer este árbol de la Doctrina Social con algunos de sus textos, especialmente en la exhortación apostólica con la que abrió, y de alguna forma quiso marcar su pontificado, Evangelii gaudium (La alegría del evangelio); y con su encíclica ’verde’, Laudato si’ (Alabado seas). En la primera nos recuerda que: «El kerygma tiene un contenido ineludiblemente social: en el corazón mismo del Evangelio está la vida comunitaria y el compromiso con los otros. El contenido del primer anuncio tiene una inmediata repercusión moral cuyo centro es la caridad» (EG 177).

Comentario al Evangelio del domingo

Fernando Torres cmf


¿Qué hacemos con Lázaro?

La parábola del evangelio de hoy es una de las más conocidas. Tanto que forma parte de la cultura popular el recuerdo de aquel personaje andrajoso que solicitaba limosna a las puertas de la casa del rico. Hoy sigue habiendo muchos Lázaros que piden limosna a las puertas de nuestras casas opulentas, ricas y bien guardadas. Son los inmigrantes que vienen de países pobres en busca de un salario que les permita vivir dignamente. Son los que piden por la calle o a las puertas de nuestras iglesias. Son las muchas personas que acuden a los servicios sociales del Estado, del ayuntamiento o de la misma Iglesia en busca de ayuda para pagar el recibo de la luz o para comprar los alimentos necesarios.

También, ¡cómo no!, sigue habiendo muchos ricos que banquetean sin pensar en lo que sucede más allá de las puertas de sus palacios, de sus casas. Es más. La mayoría se ha provisto de un buen servicio de seguridad que no permite a los indeseables –entre los que se incluyen a los pobres naturalmente– traspasar los límites de sus hermosas viviendas. Hay gente que dispone de unos recursos difícilmente imaginables para la mayoría de las personas.

Posiblemente la mayoría de nosotros no pertenecemos ni a uno ni a otro grupo. No estamos entre los ’Lázaros’ de este mundo. Podemos disponer de lo mínimo y un poco más, a veces hasta bastante más. Pero tampoco nos parecemos al rico de que habla la parábola ni a esos ricos de nuestro mundo que frecuentan unos ambientes donde nosotros mismos seríamos vistos como ’andrajosos Lázaros’. A partir de ahí podemos pensar que la parábola no tiene nada que decirnos. Sencillamente no se dirige a nosotros. En todo caso, hasta nos sentiríamos más cerca del sufrido Lázaro. Nos ha tocado trabajar mucho y hemos sacado poco. Esperamos que en el otro lado nos toque una buena vida. Pensamos que más bien nos tocará estar con Lázaro en el seno de Abrahán.

Pero las parábolas siempre exageran un poco la realidad. Y la exageran para que la entendamos mejor. En la oposición entre el rico y Lázaro comprendemos mejor que no podemos vivir una vida en la que miremos apenas a ’mis’ propios intereses y preocupaciones. Lázaro son los pobres andrajosos que a veces vemos por las calles. Pero Lázaro es cualquier persona que cerca de nosotros está necesitada de cariño y atención. En muchas ocasiones no se trata de dar dinero sino de ofrecer nuestro tiempo, nuestra compañía, una palabra de aliento, de comprensión. Vivir en cristiano significa abrir los ojos para ver allá de mis intereses y deseos, de lo que me gusta. Vivir en cristiano es interesarme por mi hermano hasta dar la vida por él. Exactamente como Jesús hizo.

Para la reflexión
¿Procuro informarme de lo que les sucede a mis hermanos y hermanas, tanto cercanos como lejanos? ¿Cómo me solidarizo con ellos? ¿Qué hago para ayudarlos?

Doña Olivia Pérez Reyes
Comunidad El Levantazo - Valencia

VER NOTA COMPLETA

CONTACTA AL AUTOR

Escribe un comentario directo al autor

SUSCRIPCIÓN

Recibe en tu correo la información más relevante y las noticias más impactantes al momento.

Recibe solo las noticias más impactantes en el momento preciso.