’ Dichosos los que velan ’

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Octubre 21, 2019 21:43 hrs.

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Martes 22 De Octubre 2019


La Palabra de Dios


Primera lectura
Rom 5, 12. 15. 17-19. 20-21
Hermanos: Por un solo hombre entró el pecado en el mundo y por el pecado entró la muerte, así la muerte llegó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron.

Ahora bien, con el don de Dios supera con mucho al delito. Pues si por el delito de un solo hombre todos fueron castigados con la muerte, por el don de un solo hombre, Jesucristo, se han desbordado sobre todos la abundancia de la vida y la gracia de Dios.

En efecto, si por el pecado de un solo hombre estableció la muerte su reinado, con mucha mayor razón reinarán en la vida por un solo hombre, Jesucristo, aquellos que reciben la gracia sobreabundante que los hace justos.

En resumen así como por el pecado de un solo hombre, Adán, vino la condenación para todos, así por la justicia de un solo hombre, Jesucristo, ha venido para todos la justificación que da la vida. Y así como por la desobediencia de uno, todos fueron hechos pecadores, así por la obediencia de uno solo, todos serán hechos justos.

De modo que, donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia, para que así como el pecado tuvo poder para causar la muerte, así también la gracia de Dios, al justificarnos, tenga poder para conducirnos a la vida eterna por medio de Jesús, nuestro Señor.
Palabra de Dios
Te alabamos, Señor
Salmo Responsorial
Salmo 39, 7-8a. 8b-9. 10. 17
R. Concédenos, Señor, hacer tu voluntad.
Sacrificios y ofrendas, Señor, tú no quisiste;
abriste, en cambio, mis oídos a tu voz.
No exigiste holocaustos por la culpa,
así que dije: "Aquí estoy".
R. Concédenos, Señor, hacer tu voluntad.
En tus libros se me ordena
hacer tu voluntad;
esto es, Señor, lo que deseo:
tu ley en medio de mi corazón.
R. Concédenos, Señor, hacer tu voluntad.
He anunciado tu justicia
en la gran asamblea;
no he cerrado mis labios:
tú lo sabes, Señor.
R. Concédenos, Señor, hacer tu voluntad.
Que se gocen en ti y que se alegren
todos los que te buscan.
Cuantos quieren de ti la salvación,
repiten sin cesar: "¡Que grande es Dios!"
R. Concédenos, Señor, hacer tu voluntad.

Aclamación antes del Evangelio
Cfr Lc 21, 36
R. Aleluya, aleluya.
Velen y oren,
para que puedan presentarse sin temor
ante el Hijo del hombre.
R. Aleluya.

Evangelio
Lc 12, 35-38
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Estén listos, con la túnica puesta y las lámparas encendidas. Sean semejantes a los criados que están esperando a que su señor regrese de la boda, para abrirle en cuanto llegue y toque. Dichosos aquellos a quienes su señor, al llegar, encuentre en vela. Yo les aseguro que se recogerá la túnica, los hará sentar a la mesa y él mismo les servirá. Y si llega a medianoche o a la madrugada y los encuentra en vela, dichosos ellos".
Palabra del Señor
Gloria a ti, Señor Jesús

Reflexión del Evangelio de hoy
Más desbordante fue la gracia
San Pablo nos confronta en este texto con la responsabilidad personal y nos encara con el ejercicio de la propia libertad. Responsabilidad hace referencia a respuesta. Responder de uno mismo y ante uno mismo, ante los demás y ante Dios, sin medianías. Con frecuencia, nos enredamos en justificaciones que nos exoneran de esta coherencia profunda y permanente. Nos escudamos en que uno sólo no puede nada. Decimos y nos decimos que quién soy yo para tener tales o cuales pretensiones. La disculpa, la autojustificación y la cobardía sabemos que están presentes desde el mismo origen del mundo, también en el propio inicio y esencia.

No fue éste el planteamiento de Jesucristo. En el mismo proceso de su crecimiento personal, se percibe la maduración que va de que todos vean la luz que uno ve, a tratar de caminar al paso de esa luz. La fecundidad de la vida no se cifra en los hechos más o menos gloriosos que realizamos o lo relevante de la huella que forjamos en la historia. No. La fecundidad y el sentido de la existencia se cifra en la autenticidad con la que acogemos el don de amor que se nos ofrece, la honestidad con la que intentamos darle forma en lo concreto y la fortaleza para asumir las consecuencias que pueda conllevar. Acoger y brindar el don sin detener su curso, éste es el punto.

Sólo uno mismo puede hacer la diferencia, con el noble ejercicio de su libertad para la bondad o la des-gracia. Sólo unificados permanecemos en pie y ponemos límite a la tiniebla. En comunión acrecemos la fortaleza necesaria para no decaer en la esperanza. Porque no hay medida comparable al derroche de vida que nos brinda Jesucristo, el Uno, porque lo asumió todo; el Único, porque nos abrió el camino.

Dichosos los que velan
En perfecta armonía con el texto de la primera lectura y con la necesaria disponibilidad que entonamos en el salmo, el evangelio nos brinda la clave para permanecer en la responsabilidad: vivir atentos.

Velar no tiene nada que ver con una actitud preventiva o desconfiada, bien al contrario, consiste en la atención serena de quien se sabe en camino, de quien desconoce los tiempos y los modos, pero sabe en quién ha descansado la confianza. Esta atención sostenida cristaliza el deseo y lo anticipa.

Velar conlleva estar preparados y despiertos, en esto consiste la ascesis primera del discípulo. Para lograrlo es imprescindible una dinámica corporal, un anclaje psicológico y una tensión espiritual.

Precisamos atención y cuidado de cada una de las dimensiones que nos integran, es lo primero de lo que hemos de hacernos cargo. Cuidar el cuerpo, afirmar la conciencia de que somos corporeidad y no hacer uso de ella como si de un apéndice se tratase. Cultivar unos hábitos saludables que no erosionen nuestra psique. Frecuentar la dimensión profunda del ser para renovar la conciencia de creación, filiación y comunión.

El texto se sitúa en un ambiente esponsal, de reciprocidad, pero afirma que la venida del Señor es segura. Lo sabemos en el plano racional, pero necesitamos que las entrañas vibren y gocen por este motivo. También pone de relieve una espera acompañada: los hermanos nos ayudan a no decaer, nos espabilan cuando es necesario y garantizan que, al menos, alguien esté despierto.

La vigilia acompaña a quien no lo tiene todo resuelto o contestado, a quien por oficio busca porque ha sido buscado primero.

Interesante el detalle que sitúa al criado ’dentro’. Vivir atentos es lo propio de quien ya está en casa, del discípulo que se fragua en el silencio y goza de intuir al que ama. Sabe que cada instante lo merece todo.

Sor Miria de Jesús Gómez O.P.
Monasterio de Valdeflores. Viveiro (Lugo)

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